“¿Otra vez Jornadas?: Usos y apropiaciones de los espacios e instituciones en la residencia”

Lic. Cecilia Bori

ceciliabori@yahoo.com.ar

Jefa Psicóloga Hospital Gutiérrez . Período 2013 – 2014

Lic. Cecilia Taboada

cecilia.taboada@hotmail.com

Jefa Psicóloga Hospital Borda. Período 2013 – 2014

11 - comentario de eventos 1 PH Maia Nahmod

Instituidos e Instituciones en nuestra formación: sobre la mesa de la Revista Clepios

En un estudio particularmente poco considerado dentro de la bibliografía del gran lingüista, Benveniste profundizó esa relación entre juego y rito a partir de las conclusiones de los antropólogos, buscando no sólo aquello que tienen en común sino también aquello que los opone. Pues si bien el juego proviene de la esfera de lo sagrado, también la modifica radicalmente e incluso la trastorna a tal punto que puede ser definido sin forzamientos como lo “sagrado invertido”: “La potencia del acto sagrado -escribe Benveniste: reside precisamente en la conjunción del mito que enuncia la historia y del rito que la reproduce. Si comparamos dicho esquema con el juego, aparece la diferencia esencial: en el juego solamente sobrevive el rito y no se conserva más que la forma del drama sagrado, donde cada cosa a su vez resulta invertida.

Pero se ha olvidado y anulado el mito, la fabulación en palabras sugestivas que confiere a los actos su sentido y su eficacia.”

 

¿Vieron cuando se dice que algo “es una institución”? Uno piensa en una especie de prócer representativo de una forma de hacer; el “botón” de una muestra –siguiendo un viejo refrán– de alguna costumbre o usanza grupal.

Bueno, las Jornadas de la Residencia, cuya última edición supuestamente era la numero 20[1]; vienen siendo algo por el estilo. Un evento en el que año a año nos reunimos y refritamos un cúmulo de tradiciones traspasadas en acto de generación en generación. Nos encontramos para compartir el trabajo del año, la escritura, los interrogantes, pero también un montón de otras cosas, menos formales pero de una materialidad tan irrefutable que si no estuvieran tendríamos una sensación de extrañeza, casi de despersonalización en medio del evento: los encuentros distendidos con compañeros de otros hospitales, los almuerzos en los alrededores, el bendito horario de exposición post almuerzo; los invitados de las mesas centrales, y continúen agregando a piacere, en fin… Esas cuestiones que sabemos que van a estar porque las jornadas son así.

 

Comentario al Cubo

Pero hete aquí que este año, la gente de Clepios decidió aprovechar lo solemne del festejo de las dos décadas para remover un poco las aguas, aportando ese picante que produce el uso clínico de la historia. Usaron su espacio para pasarle un plumero a “Las jornadas” y escuchar los usos que, como colectivo, los residentes le daban; y como en todo espacio que recuerda que el monumento de algún lado salió, surgieron las propuestas, pros y contras, imaginarios y deseos.

Entonces, lo que están leyendo vendría a ser el comentario sobre los comentarios del evento, pero no de “este” evento -de esta edición- sino de las jornadas como Institución de la residencia: un intento de registrar lo que durante esa mesa debatimos, para que sirva a las próximas generaciones.

 

Sobre las formas

Circulo mucho la idea de lo pretencioso que resulta el evento; como si dando nuestros primeros pasos en la formación quisiéramos “jugar a ser expertos” en un mega evento científico. Enredados entre las instituciones que proyectan los ideales del rol profesional; parece que queremos correr más de lo que nos dan las patas. Supongo que si pensamos que el que se sube a leer el trabajo ocupa el lugar del experto; eso da pistas sobre varios de los siguientes fenómenos que también fueron puestos sobre el tapete: la poca participación del público, la escena temida del autor a que interroguen su trabajo, o del r1 siquiera a escribirlo y hasta del colega a preguntar algo por no “cagar” al compañero. Y aún en aquellos trabajos que no juegan a contar el final del partido, que plantean preguntas y obstáculos abiertamente, ese hueco útil para el debate se topa con el silencio de un público que “no toma las preguntas”. Y de un lado y del otro de esa extraña relación que se arma ni bien arranca el horario de “la mesa”; la sensación compartida de que “se habla poco de lo que no se sabe”. Y claro… si estamos partiendo de la base del saber y del personaje del experto, ¡¡Quién se le anima a semejantes zapatos!!

 

De experto a experimentado: Sobre la función y sus efectos

Habiendo pasado revista a los aspectos más “aplanantes” (psiquiatras perdonen el neologismo), también vamos a enumerar lo que se dijo que sucede en las jornadas; compartir encuentro con pares, conocer lo que hacen los otros, presentar en un espacio amable, encontrarse, frenar del ritmo asistencial. En fin, el debate y el debatir estaban por todos lados en nuestras notas. La imagen del movimiento, de la sorpresa, de lo nuevo y del compartir también recorre esta foto colectiva que le sacamos a las Jornadas en la mesa de Clepios.

Entonces, si ese es un efecto que se quiere conservar, ¿Será que los fenómenos de inhibición escénica durante las mesas tienen que ver con la repetición de formatos institucionalizados de La Transmisión Científica? Sólo a modo de hipótesis, veamos dos cuestiones:

-Para qué equipo se juega: quizás sirva para sacudirnos un par de ideales; cuando estamos sentados de cualquiera de los lados de la “mesa”, ¿en calidad de qué vamos? ¿qué somos? Está claro que expertos no, pero si experimentados … Somos jóvenes profesionales haciendo nuestras primeras experiencias clínicas y buscando de dónde agarrarnos para, cuando menos, construirnos cierta idea de que estamos haciendo. Reconocernos desde ese lugar quizás nos aligere un tanto y le dé más fluidez al juego.

– Y en que cancha; ¿cuáles son las condiciones del encuentro? ¿Habrá formatos que faciliten el diálogo entre el que escribió su experiencia y el que la está escuchando, y pensando en la suya propia? ¿Qué pasaría si hacemos un taller con algún caso complejo o problemas clínicos que sepamos comunes y recurrentes y pensamos entre todos? ¿Y si de antemano hay un tema o caso para la mesa y tres disciplinas presentan su mirada? ¿Seguirían existiendo la sensación de favoritismo por una disciplina o discurso y la consecuente sensación de exclusión o extraterritorialidad si uno no comulga con la parroquia de turno? O si en vez de agrupar los trabajos por línea teórica se hiciera por dispositivo -vale decir, por invento para abordar un problema clínico-. ¿Hay formatos de encuentro clínico que pongan el acento en la construcción del campo conjunto en que trabajamos, cada uno desde su mirada?

Alguno hizo una lectura económica del asunto: a poca oferta de espacio participativo, poca participación y demanda de intercambio.

En fin, ¿puede haber distintas jornadas dentro de las jornadas? ¿Espacios con encuadres y objetivos diversos para que también sucedan cosas distintas, a simplemente copiar la Mesa de los Invitados Grandes, en pequeñas mesas durante el resto del día?

La cuestión no es novedosa ni rebuscada: si la residencia en un sistema de capacitación en servicio (ahí les dejamos otro monumento ¡amén!), hablemos exactamente de eso: de lo que hacemos y en qué medida esa experiencia nos forma – deforma.

 

Sobre la ejecución; la comisión organizadora

Ya lo dijimos al abrir el evento, aun no caemos en el asombro de como repetimos, año tras año, los mismo errores en la organización, y la actual comisión pensó que puede que haya una razón muy simple para esto, aunque las consecuencias sean enormes: aprender de los errores, supone un mismo sujeto en dos experiencias distintas. Y año a año es la primera vez que los jefes de ese año organizan. Salvando alguno que pueda extrapolar sapiensa de otro evento; la cantidad de cuestiones que hay que organizar para llevar a buen puerto semejante evento son tan numerosas que sin un mínimo de transmisión organizada -vale decir de institucionalización, si che, también es operativo institucionalizar algunas cosas- es casi imposible que haya tiempo físico para pensar en propuestas novedosas para las jornadas.

 

Para esto, desde la comisión proponemos dos cuestiones:

– abrir la participación a los residentes y que no sólo se incluyan los jefes. De esta manera, capitalizamos dos aspectos fundamentales: el deseo y la experiencia. Abriendo la convocatoria se posibilita la conformación de un grupo donde haya recambio pero también permanencia de algunos miembros, posibilitando que la experiencia de aciertos y errores se capitalice vez a vez.

– que algunas cuestiones prácticas queden armadas por una comisión pos jornadas que incluya residentes y algunos jefes entrantes y salientes: lugar, traspaso de fondos, contacto ya establecidos para financiamiento, etc.

Por último, sería interesante revisar el vínculo entre el grupo de residencia y Dirección de Capacitación, ya que ha pasado mucha agua bajo en puente desde aquellos inicios con pretensiones de independencia y fantasías de intrusión; quizás podemos pensar que algún grado de participación puede ser útil para generar espacios de diálogo sobre nuestra formación y conmover, de paso, el lugar pasivo en que en ocasiones genera malestar en esta relación institucional.

 

Para ir terminando la reseña – lamentamos informar que los comentarios de la fiesta quedarán a cargo de otros corresponsales- queremos dejarles algunas propuestas concretas que circularon en la mesa. No fueron directamente incluidas en el texto por la forma en que elegimos abordar el tema de las instituciones en la formación. Sin embargo, creemos que son casi los más importante a registrar y transmitir, siguiendo directivas de una Institución de la Salud Mental; “yo propongo la siguiente alternativa: (ir) del pesimismo de la razón al optimismo de la práctica” Franco Basaglia.

 

Propuestas que circularon:

– Formatos alternativos de encuentros con colegas (talleres, conversatorios, ateneos clínicos, ¿Qué hubieran hecho ustedes?” ), y por supuesto, Escuchar Expertos / Invitados.

– Trabajos más cortos, menos por mesa y con formato que invite al debate.

– Espacios en las residencias para trabajar sobre el proceso de escritura y más tiempo para trabajar sobre el tema convocante.

– Blog y/o memorias de las Jornadas, para acceder a trabajos que no se haya podido escuchar (con el debido cuidado y formato, sería una forma de publicar)

– Asamblea de todas las residencias para debatir aspectos institucionales, aprovechando que es el momento del año que nos juntamos todos.

[1] Gracias al racconto de uno de los panelistas, esta comisión se vino a enterar que aparentemente el calendario histórico que llevamos año a año numerando las Jornadas no sería del todo exacto.

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