Editorial

La Redacción
[redacción@clepios.com.ar]

“Y esta crítica es una autocrítica que lleva en germen la noción
de implicación del observador respecto de lo que observa”
René Lourau, Introducción al Análisis institucional

Quizás sea una nueva ocasión para preguntarnos qué somos; hace tiempo esperamos la ocasión. Porque somos, decimos, profesionales en formación. Y somos, como Clepios, una revista de profesionales en formación. Quizás sea una nueva ocasión para preguntarnos qué somos, no ya tanto para consistir verdaderas esencias subjetivas sino más bien, para dejarlas caer…

En el escenario Clepios, nada comienza por la editorial. Algunos amigos nos han ayudado en esta tarea de dejar caer… y pensar. Hoy elegimos abrir un espacio interrogativo a las certezas silenciosas respecto de este asunto del ser, porque hemos elegido para este nuevo número, interrogar estas máquinas de hacer creer: las instituciones.

De manera que nuestra propuesta, imaginarán, no limita al desarrollo de las características de una práctica jovial y amateur en un determinado territorio organizacional y su respectivo análisis acorsetado por la estrechez de sus fronteras. No. Nuestra propuesta se sitúa en un más acá y en un más allá.

¿Cuáles son las articulaciones entre instituciones y subjetividades? ¿Cómo pensar la subjetividad desde el ángulo de la producción?

Entre ficciones, verdad, poder y sentidos, la institución se constituye como un factor de integración en el que el ejercicio de poder es condición de posibilidad de un saber y el saber articulado sirve así instrumentalmente. ¿De qué sentidos estamos hechos pues; de qué verdades, de qué saberes?

Kaës sitúa una serie de dificultades principalmente narcisistas ante el esfuerzo por constituir la institución como objeto de pensamiento, si trabamos con ella relaciones que vierten directamente como sostén de nuestra identidad. Marco inmóvil y mudo que no opera eficazmente sino en su inmovilidad y mudez, sitúa también que es sólo en el tiempo inmediatamente posterior a su fracaso que las instituciones aparecen como posibles de ser pensadas. ¿Pero de qué manera entrama la operatoria institucional con la producción de una impensabilidad primera? ¿Cuáles son, entonces, sus modos de funcionamiento, sus operatorias? ¿Qué hacen, para qué? ¿Por qué nos importa?

Transitamos entre discursos y prácticas instituidas de formación; de esas que podríamos decir nos forman, aunque más no sea bajo la procuración de homogeneidades y modelizaciones profesionales y humanas. Y hoy, obligadamente, tenemos que poder equivocar el aparato de formación-producción; equivocarlo transversalmente.

Entre las formas instituidas de subjetividad profesional, también hay grietas, hay ocasiones, oportunidades, espacios de subjetivación instituyentes. Hay lugar para nuevas composiciones. Encontramos aquí y allá experiencias de resistencia que subvierten y han subvertido las lógicas de poder dominantes. Encontramos permanentemente en nuestra práctica, momentos de complicidad con la institución y momentos de trampa necesaria para sortear los obstáculos que impone.

Ciertamente sufrimos por la institución; nos disociamos, nos enojamos, nos dividimos, nos agrupamos. Hay traspiés. Cada uno de nosotros tendrá escenas para narrar el sufrimiento, el malestar y la violencia institucional hacia usuarios y trabajadores. ¿Pero es acaso estructural? ¿Es acaso nuestro necesario punto de partida?

 

Aunque las fisuras sean quizás condición de posibilidad no va de suyo que pregunten. Quizás baste echarnos la mirada para su confirmación…

Hoy nos hemos procurado un espacio-tiempo para pensar si, como solemos decir, pensar es pensarnos. Y, aunque como decía Foucault, pensar se arrastre lánguidamente, aunque no consuele ni haga feliz, para lo que armamos Clepios pensar vale las penas.

Como proceso inacabado, que incomoda y descubre ficciones, como producción colectiva que quiebra la ficción del individuo y la propiedad, ya no importa quien habla, somos todos grupúsculos al decir de Deleuze.

Si hay cuerpos agujereados, si hay los nuestros, de Clepios, agujereados hoy, les diremos no es tanto por los dardos institucionales que atraviesan sin matar.

Es, quizás, porque hemos podido restar.

Restar sentidos, restar verdades, restar saberes.

Una pequeña lucha interrogativa, local, minúscula, por hacer aparecer el poder allí donde invisible e insidiosamente opera y produce.

Hablemos pues, las instituciones.

Agradecemos profundamente a quienes nos hay ayudado a hacer este número.

 

Y a Mich Elgier y Ceci Taboada, este número va para ustedes.
Con todo nuestro cariño y agradecimiento.

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