Mis cinco Cuestiones Institucionales Para Análisis del Sistema de Salud Mental

Lic. Hernán Scorofitz. Psicólogo. Docente de la Facultad de Psicología (UBA). Profesional del Hospital Borda.

  • Presupuesto: la asignación de recursos por parte del Estado Nacional, como así también por parte de las administraciones jurisdiccionales (provincias, municipios, etc.) incumbe al Sistema de Salud Mental en nuestro país, como así también al conjunto del Sistema de Salud Público. Existe el mito que “hay presupuesto, pero está mal distribuido y/o centralizado excesivamente”. Las estadísticas presupuestarias en los últimos años hablan a las claras que independientemente de las distribuciones en los distintos subsectores, la tendencia es regresiva y decreciente, tanto a nivel nacional como en las distintas jurisdicciones.
  • Tercerización de la Salud: bajo el paradigma hegemónico en los distintos organismos internacionales de salud (particularmente la OMS y la OPS en sintonía con los documentos del Banco Mundial) durante las últimas tres décadas, de presuntamente priorizar las áreas preventivas o primarias y promover la “descentralización” del modelo hospitalocéntrico y los abordajes comunitarios (APS), en el campo de la Salud Mental de nuestro país viene desenvolviéndose un proceso acelerado de tercerización y transferencia de recursos del subsector público de Salud (mental) al llamado “tercer sector” (semiprivado, ONGs, Fundaciones, etc.) o directamente al sector privado (clínicas psiquiátricas privadas reconvertidas en “Hospitales de Día” o “Centros de Tratamientos Ambulatorios”). El fenómeno de reconversión privatista en Salud Mental muchas veces es presentado demagógicamente como una “transformación psiquiátrica” similar a las llamadas experiencias de “desmanicomialización” (empezando por la iniciada por Franco Basaglia en Italia en la década del ’60 y ’70): en esencia –y muy por el contrario a la experiencia de Basaglia-, consiste en la tercerización estatal de dispositivos preventivos subsidiados en el área primaria (movimientos sociales encolumnados políticamente con el poder de turno), vaciamiento de recursos en la red hospitalaria monovalente en el área secundaria (sin una compensación en términos de inversión en hospitales generales y polivalentes en relación a la desinversión en los llamados “hospitales neuropsiquiátricos”) en nombre de una supuesta “desmanicomialización”, y por último una transferencia de recursos en el área de rehabilitación y reinserción (terciaria) a Fundaciones y ONGs.
  • Precarización del trabajador y profesional de la Salud: En el marco del cuadro planteado en el punto anterior, mientras como nuevo paradigma se promueven los abordajes interdisciplinarios (contemplados inclusive en las nuevas leyes de salud mental) contra el modelo médico hegemónico, el común denominador en todos los niveles y/o subsectores de Salud Mental (Centros Ambulatorios, Casas de Medio Camino, Hospitales de Día, Hospitales monovalentes, etc.) es la precarización de los distintos profesionales de la Salud Mental: un ejército de “voluntariado” y “monotributistas” psicólogos, musicoterapeutas, terapistas ocupacionales, acompañantes terapéuticos, etc.
  • Paradigmas: Mientras el planteo pareciera ser “discurso médico hegemónico” vs. “abordajes interdisciplinarios”, la naturaleza social del proceso deviene en la constitución de una nueva “corporación interdisciplinaria” (colegios de psicólogos, asociaciones de profesionales, etc.) para contraponer la hegemonía de la “corporación médico psiquiátrica”. Por fuera de todo debate de discursos y terapéuticas, comienza a erigirse la “corporación interdisciplinaria” como un mejor oferente de prestaciones para obras sociales, prepagas, clínicas psiquiátricas reconvertidas e inclusive para el propio subsector estatal. Lo que muchas veces es presentado como una “lucha de ideas” en el campo de la Salud Mental termina siendo una disputa por la concentración de recursos privados, semiprivados y estatales (tercerizados).
  • Solución: La única garantía que cualquier proceso de “desmanicomialización” no termine siendo un nuevo negociado en el campo de la Salud Mental y Pública debe ser inseparable de un proceso de transformación social donde prevalezca un Sistema de Salud Pública Universal, Único, Gratuito y bajo la gestión de trabajadores y usuarios. De esa manera la llamada “descentralización” de la red hospitalaria monovalente no abrirá la instancia para la gestión privada o semi-privada de los llamados dispositivos sustitutivos y/o alternativos (Casas de Medio Camino, Hospitales de Día, Talleres Protegidos, dispositivos comunitarios, etc.) en detrimento de los profesionales de la Salud Mental y sobre todo de los pacientes y usuarios sin recursos.

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