Entrevista a Gustavo Melera

Gustavo Melera, Licenciado en Psicología. Profesor adjunto de Psicología Institucional II (UBA). Esquizoanalista. Consultor Institucional. Lectópata asumido y autor de numerosos trabajos sobre temáticas vinculadas con la producción de subjetividad y el campo institucional. Director del proyecto de investigación “Instituciones y procesos de subjetivación contemporáneos. Los desafíos del poshumanismo”. Ejerce la práctica clínica privada con la misma potencia y alegría que en sus inicios.

C: En este nuevo número de Clepios proponemos un pensamiento respecto de las Instituciones. Nos gustaría comenzar por pensar junto con vos, la relevancia e importancia de un análisis institucional en las prácticas en Salud Mental y en el marco de nuestra formación…

E: En principio, antes de ver los usos que se le podría dar, habría que arrancar por lo que entendemos cuando hablamos de institución, porque elegantemente se dice que es un concepto polisémico… una forma de decir que podés decir cualquier cosa cuando hablás de institución. Habría un cierto acuerdo en las líneas institucionalistas en diferenciar institución de organización. La cuestión es si la pregunta apunta a la noción de formas sociales de regulación de las subjetividades, esto es lo que antes se llamaba instituciones, o si apunta más bien, al encadenamiento de organizaciones y establecimientos que debieran cumplir la función de formación (o de deformación) en los profesionales de la Salud Mental.  Sea donde fuera que apuntara la pregunta, en última instancia, nos aproxima con esa doble cara. En el momento donde empezamos a hablar de establecimientos, de territorios materialmente delimitables, ya se nos abre una cuestión. ¿Cómo podemos imaginarnos, por ejemplo, las prácticas en Psicología en tanto disciplina, teniendo en cuenta cuáles son los requerimientos o las condiciones que avalan y que legitiman el ejercicio de esa práctica? Por lo pronto, la circulación por los establecimientos públicos no es condición excluyente. No estoy sugiriendo que esté bien o mal, porque también podríamos pensar que la circulación por los ámbitos públicos puede generar también una burocratización de las prácticas, una calcificación del deseo de producir otra cosa. En todo caso, podemos partir de algo más básico: ¿qué profesionales se forman en el ámbito específicamente de la Psicología teniendo en cuenta esto? Se aprueban un conjunto de materias así que, por sumatoria de saberes, aprobación mediante, con promoción de un gran porcentaje, tenés un diploma que te da el Estado Nacional Argentino y te recibís en Psicología. Eso, por el lado de las organizaciones. Por el lado de las instituciones, nos metemos en un campo más amplio. En términos un poco más actuales, nos podemos preguntar, ¿en qué consiste la multiplicidad de agenciamientos (en términos de Deleuze-Guattari) que componen una práctica? Agenciamientos que, entrelazados los unos con los otros, las líneas que hacen al agenciamiento  psicología, hacen territorio ante todo en el cuerpo de todos nosotros, y luego, en lo que se suele llamar organizaciones. Ahora ya no estamos hablando de organizaciones en un sentido lineal y previsible como hablábamos antes, sino en un sentido más amplio. Y ahora, quizás, ya contestaría de un modo un poco más intenso: les diría que lo más interesante de las prácticas de Salud Mental sería que se nieguen críticamente de manera permanente a sí mismas, porque ya empezar a hablar de Salud Mental, da por sentado el concepto de Enfermedad Mental, y en mi opinión personal, tengo mis serias dudas de que haya efectivamente Enfermedad Mental.

C: ¿Cómo sería esto de “negarse críticamente”?

E: No quisiera sonar dialéctico. Si tomamos como un hecho dado que un papel enmarcado en vidrio te legitima como trabajador de la Salud Mental, estamos dando por sentado varias cosas que en ese mismo “darlo por sentado”, quedan invisibilizadas. Primero, se está dando por sentado que somos trabajadores, aunque la pregunta inicial hablaba de prácticas de Salud Mental, yo prefiero subjetivarlo y ponerlo en cuerpo. Hablar de prácticas de Salud Mental también plantea para el institucionalismo su riesgo, porque hablamos de práctica como si estuvieran en el aire  y no hay práctica sin corporalidades que las hacen. Si no nos preguntamos por las condiciones históricas, sociopolíticas, culturales, que hicieron posible la materialización de esto que hoy llamamos Salud Mental, estamos perdiendo de vista dos cuestiones, entre infinitas interrogaciones que se nos puedan ocurrir. La primera es la noción de  Trabajo y Trabajador,  y la segunda es la noción de Salud en términos bien amplios y de Salud Mental en términos más recortados. Ahí es donde yo pienso que es tarea nuestra venir a desnaturalizar todas esas cosas. Primero, no dar por hecho que la Salud Mental es algo natural. Es muy fácil discursivamente hablar de la Salud Mental como un constructo social. Ahora bien, la cuestión es a la hora de la práctica concreta, ¿hasta dónde no hacemos caso omiso de eso? Y esto ya excede la cuestión del establecimiento o la organización. Vamos a la cuestión del ejercicio de la práctica: si llega una persona cuyo motivo de consulta es que tiene una manada de extraterrestres en su aparato digestivo y no sabe cómo hacer para que dejen de molestarlo sobre todo cuando caga, ¿te vas a afectar de la misma manera que si llega la misma persona y te dice que está enamorada de alguien que no le da bola y no sabe cómo hacer para sacárselo de la cabeza? No lo vamos a mirar igual, no lo vamos a escuchar igual, no nos vamos a afectar igual… Estamos hechos de tal manera –y esto excede a los trabajadores de la Salud Mental, pues está más bien vinculado con la subjetivación occidental – que no podemos dejar de pensar el mundo en términos de pares de oposiciones. Y ahí es donde viene el problema, si se naturaliza, sobre todo cuando estamos hablando de promoción de la Salud Mental. ¿Cuál Salud Mental?

-(Estornudo)

E: -“Salud”…. Mental. Esta tontería de decir “salud” cuando alguien estornuda, da por sentado la enfermedad, cuando en realidad se podría pensar que el cuerpo está en un proceso de combate contra una manada de virus que están cada año más fuertes gracias a la cantidad de pesticidas y agrotóxicos que tiramos en el aire. Si damos por hecho que el otro está enfermo, yo te tengo que desear “salud”. Esto que se da en una cosa tan minúscula que no tiene consecuencias, tiene consecuencias a la hora de encontrarte con otra subjetividad en curso, en términos más llanos, con otra persona.  En ese punto es donde tengo mis temores con respecto a cuál es la trasmisión en los ámbitos públicos, por ejemplo los hospitales, en donde nuestra práctica se desarrolla, y que está muy bien que se desarrolle y estaría bueno que se desarrolle todavía más. Estaría buenísimo que se militara activamente en pos de llenar los hospitales de trabajadores en Salud Mental, pero en ese mismo proceso es menester pensar muy seriamente acerca de qué estamos hablando cuando decimos que queremos promover la Salud Mental ¿Cuál Salud Mental? Podemos acordar en que no estamos hablando de una salud adaptativa, aunque eso no significa que no lo estemos haciendo.

C: Después de este recorrido, volvemos, entonces, a nuestra pregunta inicial. ¿Por qué sería importante pensar en las instituciones para nuestra formación?

E: Creo que es importante pensar las instituciones para casi cualquier cosa, porque si no pensás las instituciones, las instituciones te piensan a vos…y te hacen. Ahora, está bien la pregunta, porque cuando se habla de la relevancia en tener en cuenta la dimensión institucional,  ¿de qué estamos hablando? ¿De la noción de institución como soporte del psiquismo? ¿Estamos hablando de la institución como conjunto de regulaciones sociales que nos permiten estar estructuralmente insatisfechos en la cultura, pero más o menos conformes porque tenemos cierta previsibilidad de que cuando salgamos a la calle no nos van a violar? ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de entramado de instituciones? Por lo pronto, yo diría que estamos hablando más o menos de algunos principios ordenadores del ejercicio de una práctica cualquiera. Y esto se hace; que no se haga metódicamente no significa que no se haga, esto lo hace un albañil (últimamente vengo aprendiendo más de los albañiles, de los mecánicos, que de los académicos, porque tienen más en claro qué es lo que hacen, para qué lo hacen, cómo lo hacen, la relación con los materiales, la relación con el territorio, con la geometría). En las prácticas psi está aceptado, como condición necesaria, pero no como dato relevante, la corporalidad material. Entonces, si más o menos podemos consensuar algunas condiciones para analizar el ejercicio de una práctica, diría por un lado que toda práctica está producida socio-históricamente, y por otra parte que toda práctica se hace carne en una corporalidad. Una corporalidad necesariamente extendida en un proceso de subjetivación. No hay práctica sin subjetivación. Esa subjetivación, a su vez, es en algún punto la efectuación de un conjunto de instituciones; las instituciones producen subjetividad, no son solamente soporte de un psiquismo. Pensarla como soporte da por entendido que la institución está allí previamente para apuntalar a un  psiquismo que se constituye en una exterioridad. Lo que planteo no es eso, sino que ese psiquismo que se hace, se hace por las instituciones. Más aún, entonces el ejercicio de la práctica es como un subterritorio de una subjetivad en curso, que a su vez se hace en una corporalidad y sienta condiciones para la circulación o habitabilidad en determinadas organizaciones en desmedro de otras. Por cierto que esa circulación ya va de la mano con ese proceso de subjetivación que arrancó desde antes y en el cual el deseo se asienta. Sino, ¿cuál sería el sentido de la adjudicación de cargos? Sería todo igual. Ya de por sí, rendir el examen de residencia se tiene que sustentar en algún deseo. Y a la hora de la adjudicación de cargos ya hay toda una estratificación, sistema numerario mediante, que da derecho por orden de numeración, y se elige. La primera persona que elige, elegirá con el parámetro que tenga en ese momento, quizás quiera ir al hospital que más prestigio histórico tiene, pero quizás quiera ir al hospital que por primera vez abre una residencia en psicología. Esa elección está motorizada por un deseo. Tener en cuenta a las instituciones, a la hora de analizar el ejercicio de una práctica, en realidad es algo tan evidente como tener en cuenta el aire que respirás, sobre todo cuando vivís en megalópolis como ésta. Pero ahí se da algo similar.  Para poder vivir en una megalópolis tenés que olvidarte “del aire que estás respirando” porque sino te escapás de la ciudad, pero sin aire nos morimos;  entonces ¿qué sentido tiene tener 400 teatros, 500 cines, 38 murgas y tres barrios cools con nombre anglosajón si respirás smog? Entonces quienes viven en las megalópolis, deben olvidar la composición del aire que respiran; en el mismo sentido el ejercicio de la práctica plantea el mismo problema: debiéramos “olvidarnos” de las instituciones que hacen esa práctica que ejercemos, no que inciden sobre esa práctica, no que influyen, no que la atraviesan. ¡No atraviesan! – un brochette atraviesa si querés alimentarte de animales asesinados – hacen la práctica. Por eso como esquizoanalista, es algo que no puedo dejar de pensar nunca, que no puedo eludir y me parece insoslayable tomarlo en cualquier en cualquier situación del ejercicio de la práctica, de una práctica que más retóricamente se da a llamar una práctica profesional vinculada con la Salud Mental.

C: Ahora, ¿de qué marcos de referencia nos podemos valer en nuestra práctica para pensar las instituciones?

E: Te prometo que te voy a contestar. Ahora, no importan tanto los marcos conceptuales de los cuales nos podemos valer, lo que importa es que no perdamos nunca de vista que nos estamos valiendo de esos marcos conceptuales y no de otros. Nos pueden hacer las veces de mojón, de hojas de ruta y no mucho más, y a la hora de tomarlos hay toda una serie de disposiciones que estamos dejando por fuera. No hay manera que no sea así. ¿Por qué hago esta introducción? Porque sino la hago corro el riesgo de contestar como si fuera Osho, contestar desde una verdad y, en realidad, lo que hay son senderos posibles. Hay quienes se sienten más cómodos caminando caminos que ya han sido caminados y hay quienes nos aburrimos con esas cosas, nos fastidiamos, nos entristecemos, nos enojamos, nos ponemos confrontativos, no cogemos, vemos a Racing y pierde. Todo empieza a teñirse de afectos tristes, todo se llena de gris. A los que nos pasa eso, no nos va mejor, no somos más felices, no es que dormimos de noche, no tiene nada que ver con eso, porque eso es contestarte de nuevo desde una verdad sustentada en una moral. No es que te va mejor, no sos más feliz. Pero en todo caso, pones en tela de juicio la felicidad como meta. A mí la verdad no me importa ser feliz, lo que me importa es alegrarme con lo que hago con otros, que no tiene nada que ver con la felicidad. En función de eso respondo. En mi opinión hay tres nociones que marcan un mapa disponible para hacerte una hoja de ruta y después cada uno te abre a un montón de otros asuntos. Esas tres cuestiones son: la noción de agenciamiento, la noción de dispositivo y la noción de biopolítica. Cada una de ellas se abre rizomáticamente y te lleva a seguir comprándote libros y a no terminar de cerrarlos nunca.

E: ¿Nos podrías contar de qué se tratan?

E: La noción de dispositivo es una de esas tantas que se nombran mucho hasta que aparece un aguafiestas que te pregunta: ¿vos qué entendés por dispositivo? Te estoy proponiendo la noción de dispositivo como la plantea Foucault: una multiplicidad de prácticas y discursos que siempre son de poder. Los dispositivos siempre son de poder, siempre ejercen poder. Esto no es equiparable a que los dispositivos siempre estén vinculados con el orden instituido. Si mantenemos la línea de Foucault el poder no está del lado de lo instituido, el poder es un ejercicio, el poder está más vinculado con una gimnástica que con una posesión, el poder se hace todo el tiempo. Es cierto que el mismo Foucault en algún momento, en alguna conferencia, dio lugar a pensar el término de contrapoder o contradispositivo. Entonces, para situar inicialmente algún área en el mapa, digamos que la noción de dispositivo está vinculada con prácticas, saberes, técnicas, procedimientos, modos de hacer, insoslayables a la hora de leer una práctica, porque cada uno de estos componentes que acabo de decir están vinculados con lo que se sigue llamando instituciones y organizaciones.

La noción de biopolítica la toma Foucault de un filósofo holandés ignoto, tan ignoto que no recuerdo el nombre, en Historia de la Sexualidad, para dar cuenta de cómo la sexualidad también es producto, antes que de prácticas naturales, de una serie de discursos que van desde los eclesiásticos hasta los discursos de la sexología, de la medicina higienista, del psicoanálisis. Ahí Foucault plantea una cuestión que es relevante aún hoy y que es un tirón de orejas a los movimientos de liberación sexual. Foucault plantea que la hipótesis represiva no es conducente para pensar la sexualidad, porque se habla de sexualidad todo el tiempo. No sólo se habla de sexualidad todo el tiempo sino que se regula la sexualidad. En todo ese desarrollo, Foucault llega a dar cuenta de una transición histórica que está vinculada con los ejercicios del poder y con el ejercicio del control sobre las poblaciones y los individuos. Marca el paso del poder del soberano, el rey que hace morir o deja vivir, al paso de las sociedades que producen vida, que hacen vivir. El paso de las sociedades anátomo-políticas, de las sociedades disciplinarias de intervención sobre cuerpos individuados – el cuerpo del supliciado, el cuerpo del loco, el cuerpo del delincuente – a lo que después Deleuze va a llamar las sociedades de control, la biopolítica de las poblaciones. De nuevo, no tiene sentido darle una noción moral a esto, porque si nos quedamos sólo con eso, componemos una contramoral, entonces me desdigo de lo que dije hace un rato y ahí nos equivocamos con la lectura de Foucault otra vez. Foucault, como buen nietzscheano, se mueve más allá del bien y del mal, y lo que está describiendo son procesos de subjetivación. Esto se vincula con lo que Agamben llama “formas de vida”; luego él distingue entre el Bios, que estaría más vinculada con la vida desnuda, con la biopolítica negativa entre comillas; y la Zoé, que sería la vida como lo que persevera siempre, en términos de Spinoza, como lo que siempre persevera… la vida siempre insiste. Si hay algo que persevera es la Vida, con mayúscula.  No hay muerte con mayúscula, hay vida con mayúscula. Prendés fuego un bosque y a la larga algo va a brotar ahí. Las ciudades siguen cayendo y un niño nace (Spinetta dixit). Hay producción de forma de vida inacabadamente. Nuestras prácticas son parte de una multiplicidad de engranajes que inciden en la producción de ciertas formas de vida en desmedro de otras. Entonces, resalto tener un aparato de lectura y de análisis de lo que hacemos porque, de todos modos, lo vamos a hacer igual.

La tercera noción es la de agenciamiento, que no está vinculada directamente a la noción de dispositivo, porque como mencioné antes, el dispositivo está vinculado a la cuestión del poder. La noción de agenciamiento está vinculada a la cuestión del deseo. El deseo es algo con lo que Deleuze y Guattari han insistido desde el Anti Edipo en adelante, entendiéndolo no como producto de una carencia sino como una producción permanente e inacabada. Hay una nota al final del capítulo “Postulados de lingüística”, en su libro Mil Mesetas, donde estos autores le contestan a Foucault y dicen: “nosotros disentimos con Foucault en la cuestión del dispositivo, en que para él los dispositivos siempre son de poder y para nosotros el poder es sólo una dimensión estratificada del agenciamiento; no es que no hay poder, sino que el poder es una línea de las tantas imaginables que hacen un agenciamiento”. Para decirlo en términos no tan actuales, el agenciamiento es asimilable a lo que se solía llamar estructura abierta, pero no es una estructura abierta porque en rigor no es una estructura. Un agenciamiento siempre se compone en una multiplicidad y siempre hace territorio en algún lado. En algún punto estoy hablando de instituciones. Mi apuesta en realidad es a irse de las instituciones como parámetro, como hoja de ruta, porque la noción de institución puede valer para cualquier cosa, y en realidad vale para muy pocas. Es una noción tramposa, por eso propongo empezar a vincularnos con la noción de agenciamiento. ¿Cuáles son los agenciamientos que hacen trabajar de una manera y no de otra? ¿Cuáles son los agenciamientos que te hacen ruborizarte si un paciente varón te pregunta a qué hora salís de tu trabajo? ¿Hay ahí simplemente una cuestión de ejercicio reciente de la práctica en cuanto novata que te haría ruborizarte? Eso sería material de supervisión que puede dar a decir infinidad de paparruchadas y a generar una infinidad de violencias subjetivas a las cuales seguramente te vas a someter, porque vos también creés en el aparato de la supervisión. Entonces, el aparato de la supervisión es allí eficaz. Podemos terminar diciendo cualquier barbaridad y abrir un espacio para que hables de tu relación histórica con los abordajes masculinos, nos podemos ir a cualquier lado, cualquier cosa es posible en cuanto el aparato de captura supervisión lo habilita y todos lo habitamos gozosamente. Ahora, si lo pensamos en términos de agenciamiento, ya no nos quedamos simplemente en el dispositivo de poder de la supervisión donde damos por sentado una relación asimétrica, donde alguien que sabe más que todos nosotros porque leyó más, porque atendió más, por lo que fuera, pero más… ahí nos ponemos cuantitativos; nosotras, las militantes de la singularidad ahí nos ponemos cuantitativas. Ahora bien, si en vez de eso, nos permitimos ver esa situación imaginaria en términos de agenciamiento, podemos pensar: ¿por qué  habría de resultar extraño que un bio-varón te pregunte a qué hora salís del trabajo? ¿Por qué habría de resultar eso un obstáculo para ese encuentro que recién se esté empezando a componer entre dos subjetividades en curso? ¿Por qué tendríamos que poner como primera variable que determine a todas las demás, tu condición de profesional que ejerce su práctica en una organización pública estatal? ¿No estamos ahí, aunque no lo digamos, también armando una relación asimétrica? ¿No habría que tener presente segmentos de subjetivación de género? ¿Qué hace que un bio-varón se atreva a preguntarle eso a una bio-mujer con guardapolvo blanco que marca distancia? Bueno, para esa persona que pregunta, el guardapolvo blanco no opuso distancia, y tan sólo está preguntando a qué hora salís. Basta algún que otro comentario al pasar de esa misma persona y tranquilamente podemos hacer un diagnóstico de psicopatía. Bien, ese diagnóstico es producto de un dispositivo, de un dispositivo médico psiquiátrico. Pero que solemos usar más o menos distendidamente. De nuevo, suena lindo hablar del poder médico hegemónico, de la psiquiatría biologicista, que todo eso está muy mal. Hasta que mi abuela tiene Alzheimer y la llevo al neurólogo, no la llevo al diván. Acá volvemos a lo que decíamos antes: no se trata de militar en pos de una verdad sino de negar la verdad,  entenderla seriamente como una producción y una multiplicidad que siempre se está haciendo y nunca termina de hacerse; y que entendiéndola en el campo de procesos de subjetivación, es un campo de lucha de fuerzas. La producción de verdad es un campo de lucha de fuerzas, y esto no implica que estemos luchando por la verdad, sino todo lo contrario. Fugamos de cualquier reivindicación por la verdad, fugamos de cualquier forma de reconocimiento, de cualquier instancia, no necesitamos que nos reconozcan. Porque eso, de nuevo, pone a la institución como el gran trucooccidental; el gran truco de los montajes institucionales es hacernos creer que sin ellas no podemos vivir. Al mismo tiempo, sabemos que si las instituciones perduran es porque la especie humana se sigue moviendo a través de ellas. Pero la gran eficacia de las instituciones, en tanto máquinas de hacer creer, es ésta. Las podemos abordar como formaciones socio-histórico-políticas; ahora bien, a la hora de vincularnos con las instituciones, nos acercamos a ellas como estables, como eternas, como inmodificables. Y en ese punto, el mejor truco de la  institución es el truco del diablo: hacer creer que él no existe. El mejor truco de la institución es hacer creer que queda en la especie humana decidir si perdura o no perdura; que es una cuestión de mayoría, de plebiscito. Ahora, muy llanamente pregunto a grosso modo, ¿estamos más o menos satisfechos con el mundo en el que vivimos? Y si las cosas se mantienen sin cambios sustanciales es porque hay una multiplicidad de instituciones que lo avalan.

C: En nuestro trabajo nos encontramos permanentemente con dificultades, burocracias, maltratos, que solemos decir en los términos de obstáculos, violencia y sufrimiento institucionales. Tenemos una pregunta al respecto en el sentido de qué hacer…

E: Ricardo Malfé tiene un texto cortito pero muy interesante que se llama “Superación del obstáculo organizacional”, donde apunta desde una línea psicoanalítica, a no pensar en términos de organización a la hora de leer un obstáculo porque de nuevo ahí estaríamos negando la transversalidad institucional. Estaríamos negando la multiplicidad de instituciones que hace que la circulación del residente, por ejemplo, esté predeterminada no sólo en cuestión de tiempo sino en vínculos, con colegas que están hace más tiempo, con colegas de planta, con toda una serie de competitividades entre otras profesiones… Si eso lo viéramos como obstáculo, ya nos exigiríamos la tarea de la superación. Eso es como ponerse otra piedra en la mochila. Si eso lo ves como condiciones de producción, te podes plantear más alegremente qué pasa si algunos experimentamos la composición de algún contra-dispositivo. ¿Qué pasa si, en esta predeterminación y distribución no inocentes, por ejemplo, tres residentes arman un grupo de trabajo interesante en el hospital y luego rotan a un centro de salud distinto? Hay que recomponer otras formas de grupalidad. Esto no es inocente, esto se llama estratificación de las potencias de los grupos. Los tres residentes pudieron componer el milagro de hacer una subjetividad de grupo, creativa, alegre. Y es probable que, a la larga o a la corta, cada una tenga que recomponerse individualmente, porque van a ir cada una a un lugar distinto. De nuevo, Promoción de la Salud Mental, la importancia de lo colectivo. Ahora, al analizar la dimensión política de la institución te das cuenta que hay modalidades que prefiero pensar en términos paranoicos-críticos, esto es, “a priori siempre hay algo por detrás”.

Entendemos por conspiración a toda una serie de aparatos institucionales que prefiguran formas de crianza, por ejemplo, que prefiguran una subjetivación en términos de matriz heterosexual, en términos de instituciones, los jardines de infantes, los maternales. Que prefiguran formas de higiene, formas de juego, donde supuestamente tenés que aprender las letras a los dos años, donde al año y medio, cuando todavía la subjetividad está en sus primeros dibujos de composición, tenés que vincularte colaborativamente con otra subjetividad. Eso sería un pequeñito engranaje paranoico en la lectura de las instituciones. Nada es porque sí, siempre es para algo y siempre es para mantener un orden, después si nos equivocamos agachamos la cabeza. Si partimos de esto, tenemos tres juegos posibles: el de la sumisión, “siempre fue así, por qué habría de ser distinto”; el juego de la confrontación “no voy al centro de salud que me dijeron, yo quiero trabajar con mis dos otros compañeros”, pero va a llegar algún momento que por más confrontación que hagas, la institución te va a responder como suele responder, con la lógica de la inclusión-exclusión: las condiciones son éstas, si no te gusta, ahí tenés la puerta. Y la tercera, es la opción de jugar el juego haciendo creer que creés el juego. Hacerle creer al poder que vos creés en el juego que estás jugando. Responder perversamente al juego psicópata de las instituciones. Lo pervertido en el sentido de poner al revés. Una forma perversa es hacerle creer al psicópata que te está dominando. Bueno, las instituciones funcionan psicopáticamente y no hay que asustarse por eso, para eso están hechas. Hay que saber tomar el veneno de la institución y transformarlo en algún alimento interesante. Si las tres estaban trabajando juntas y habían armado un trío de poder muy productivo y, método paranoico mediante, no por casualidad, la institución las separa y las manda a cada una a un Centro de Salud diferente; la sumisión es, cada una va a un Centro de Salud distinto y de allí en más se ven una vez cada 60 días en alguna jornada acerca del Nombre del Padre y las Neurociencias en el contexto de la invasión de Estados Unidos en Siria. Otra cosa es la confrontación directa, que llevaría a que no se vean ni siquiera a los 60 días. Y la otra opción es aprovechar esa dispersión, y que en todo caso, cada una en el Centro de Salud al cual fue enviada pueda componer alguna forma interesante que replique eso que como trío de poder pudieron armar. En vez de lamentar la autodisolución de ese trío de poder, alegrarse con la posibilidad de hacer proliferar ese trío de poder. Y te seguís moviendo “adentro”, pero haciendo creer a la institución que creés el juego; cumplís, marcás tarjeta, desarrollás las tareas que te son asignadas, te vinculás estratégicamente con el jefe del Centro de Salud. Pero el trío de poder se sigue reuniendo afuera. Y puede armar… Hay muchas formas de jugar, si no fuera así, yo no podría estar en el aparato universitario porque estaría en el mismo dilema: o me someto o confronto. Si confrontara, ya me hubiera ido solo porque estaría enfermo, enfermo de verdad, enfermo de resentimiento. Hay toda una línea anti-institucional, contra-institucional que ha producido cosas muy ricas. Pero el mismo Lourau se encontró frente a un dilema y es lo que dejó como tarea pendiente: la primera es una teoría de los analizadores. Pero la segunda, que es la políticamente más compleja, es cómo evitar la institucionalización sin que la autodisolución sea el único camino. Ahí te encontrás por un lado, con un límite que lo da la dialéctica con la que se mueve, la síntesis es inacabada. Y el otro problema plantea justamente que, si el trío de poder tiene como única salida de la institucionalización la autodisolución, bueno… es lo que hablábamos antes: para no confrontar, antes de que te echen, te vas. Pero, ¿y qué armás? Podés armar muchas cosas…mientras puedas seguir molestando, mientras puedas seguir jugando alegremente, puede tener su sentido. Por supuesto que, después de plantar las semillitas envenenadas, cuando el trío sea excluido del sistema público de salud, puede seguir generando cosas. Ahí juega el deseo y juega la forma de vida que cada quien quiera componer, y los contradispositivos que el trío de residentes se encuentre dispuesto a maquinar.

C: Muchas gracias Gustavo.

 

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