Entrevista a Irene Meler

Doctora en Psicología. Coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género (APBA). Directora del Curso de Actualización en Psicoanálisis y Género (APBA y UK). Codirectora de la Maestría en Estudios de Género (UCES).

Clepios: El número actual está dedicado al tema  de Perspectivas de Género. Esta iniciativa surge porque consideramos que existe un desconocimiento formativo en cuanto a lo académico. Más allá de las lecturas individuales de cada uno, no es algo que se dé en nuestra formación, de modo tal que comenzamos a trabajar sin que estas temáticas sean algo incluido  en la formación profesional de Salud Mental, por lo cual pensamos que en nuestras prácticas muchas veces se reproduce ese desconocimiento.

En primer lugar, querríamos preguntarte sobre tu recorrido sobre estas temáticas.

 

Irene Meler: Yo empecé a interesarme por este tema en el año 79, cuando ya tenía unos trece años de profesión. Me había formado en el Hospital de Niños R. Gutiérrez, donde comencé mi práctica con niños. Allí trabajaba en lo que era la Escuela para Padres dirigida por Eva Giberti. Me había gustado mucho la difusión de conocimientos psicológicos, todavía yo no tenía tantas ideas propias, entonces lo que hacía era difundir los conocimientos que adquiría, que no eran ideas originales mías, pero tenía cierta vocación por hacerlos accesibles a todas las personas. Comencé con los Estudios de Género -que no existían formalmente en la Argentina- en un seminario que se llamó “La Condición de la Mujer en la Sociedad Actual”, convocado por dos grupos privados que estaban ya trabajando de forma incipiente este tema, y que quisieron hacerlo conocer. Allí tomé contacto con esta perspectiva y al año siguiente se fundó una ONG que se llamó “Centro de Estudios de la Mujer”, dirigida por Gloria Bonder, y donde me invitaron a participar. Lo que se dio allí fue una formación entre nosotras, con bibliografía que aportaban principalmente Gloria Bonder y Ana María Fernández. Funcionamos como un grupo de autogestión. Debido a la falta de antecedentes en el tema, mi formación ha sido entre pares o autodidactica, no he tenido una formación instituida en estos temas porque no existía; esto sucede con frecuencia  con los grupos pioneros en alguna cuestión.

Empecé recién en el año 1982-1983, tal vez un poco antes, a dar cursos en la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, exponiendo una revisión crítica del discurso freudiano y de las primeras polémicas planteadas en el campo del psicoanálisis sobre el tema de la sexualidad femenina y la feminidad. Luego en 1985, el Centro de estudios de la Mujer comenzó a dictar seminarios de posgrado en la Facultad de Psicología de la UBA, por lo cual me invitaron a formar parte del cuerpo docente, y en 1987 se fundó la Carrera de Estudios de la Mujer, donde me desempeñé como docente, y fui aprendiendo a medida que enseñaba. A mi generación le tocó ese destino, por ejemplo, corregir monografías cuando nunca había escrito una, porque en mi camada no existió como requisito elaborar una tesis o tesina para finalizar la carrera. Ahí sí que se aplica la versión lacaniana del amor, que es dar lo que uno no tiene. Me ha tocado brindar conocimientos que no tenía previamente. En esa carrera enseñé y aprendí mucho. Luego yo elaboré un programa de Salud Mental y Género en la Facultad de Psicología, y en 1995 fundé el Foro de Psicoanálisis y Género junto con Débora Tajer. Allí empezamos a trabajar y mantengo la coordinación de este espacio hasta el día de hoy, en que estamos en su vigésimo año y estamos convocando este año a las duodécimos jornadas, esperando concretar el proyecto de que venga Michel Tort para dar una conferencia. En las anteriores, pudimos contar con Jessica Benjamin, estamos logrando algún contacto con figuras relevantes a nivel internacional y tenemos mucha producción local, muchas publicaciones. El comité asesor del Foro está integrado por Eva Giberti, Ana María Fernández, Mabel Burin, Juan Carlos Volnovich y ahora se han incorporado miembros más jóvenes; Débora Tajer -que es co-fundadora pero que se sumó ahora al Comité Asesor, Irene Fridman que trabajó conmigo como Secretaria de Difusión del Foro y ahora integra el Comité, e incorporamos a Facundo Blestcher,  un psicoanalista que fundó la Sociedad Psicoanalítica de Paraná.

Aparte de la actividad del Foro, dirijo desde hace 18 años el Curso de Psicoanálisis y Género en la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, que tiene el aval de la Universidad Argentina John F. Kennedy. En la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales co-dirijo junto con Mabel Burin una Maestría Interdisciplinaria en Estudios de Género. Es decir, yo tengo un trabajo interdisciplinario y otro más específico en el ángulo que más me interesa a mí que es la articulación entre los Estudios de Género y el Psicoanálisis.

También he realizado y participado en publicaciones en estos años. Muchas de ellas colectivas, como “Las Mujeres en la Imaginación Colectiva” que compiló Ana María Fernández, “Estudios sobre la Subjetividad Femenina”, cuyo cuerpo principal fue escrito por Mabel Burin, y donde  invitó a colegas a que aportáramos artículos. También tengo un artículo en Género, Psicoanálisis, Subjetividad, una compilación realizada por Mabel Burin y Emilce Dio Bleichmar, Después compilé un libro junto con Débora Tajer, que es “Psicoanálisis y Género. Debates en el Foro”; y escribí en conjunto con Mabel Burin “Género y Familia”, y “Varones, Género y Subjetividad Masculina”. Finalmente hice un libro sola que es mi tesis doctoral que se llama “Recomenzar: Amor y Poder Después del Divorcio”, donde además de los aportes teóricos, expongo los hallazgos de una investigación empírica sobre familias ensambladas.

 

Clepios: En cuanto a lo conceptual, ¿qué podemos pensar sobre las perspectivas de género?, ¿qué abarca?, ¿cómo podemos entenderla?

 

I.M: Básicamente yo diría que la perspectiva de Género ha venido a aportar una visión más lúcida sobre las inequidades sociales que construyeron la diferencia sexual tal como la conocemos. En ese sentido, nosotros estamos acostumbrados a considerar la diferencia sexual como un organizador del psiquismo y también como un organizador social, porque claramente muchas instituciones como la familia, el matrimonio, están organizadas sobre la base de una diferencia sexual instituida. Esta diferencia ha sido naturalizada, considerada parte de la bipartición sexual de la especie, cuya reproducción es sexuada. Inicialmente esto no fue problematizado, transformado en un objeto cognitivo, Pero con la generación de un cambio social y cultural importante en la condición femenina, que se produjo alrededor de la década del 60, surgió toda esta corriente de estudios que inicialmente fueron Estudios de la Mujer. Por eso la primera carrera de postgrado en la que yo fui docente se llamó de Estudios de la Mujer, porque lo que se buscaba era hacer visible la perspectiva de las mujeres, que había sido invisibilizada, ocultada en todos los relatos de las disciplinas sociales y humanas. Por ejemplo, hay un libro de antropología que se llama “Los Argonautas del Pacífico Occidental” de Malinowski. Allí se describe una ceremonia de construcción de canoas, que se llama “la ceremonia Kula”. Relata que se reunían las tribus para ahuecar troncos con el fin de construir canoas, y agrega, “se servía la comida”. Ustedes se imaginan que en cualquier fiesta, evento social, comer en conjunto es algo muy importante, que genera cohesión grupal, en parte la gente se reúne para hacer algo y para comer. ¿Quiénes hacían la comida? Habitualmente lo hacen las mujeres. La participación femenina estaba sintetizada en ese parco “se”. Se servía la comida. Esto habla de la invisibilización del aporte femenino a la cultura, que está presente en el discurso freudiano de formas muy flagrantes y en muchos discursos de las disciplinas sociales y humanas. Entonces lo que los estudios de la mujer hicieron fue hacer visible lo omitido. Más tarde, en determinadas partes del planeta- se adoptó la denominación Estudios de Género. En Europa no fue así ya que no les gusta el concepto porque es un invento norteamericano. A esta denominación la creó John Money, un psico neuro endocrinólogo neozelandés que trabajó en la Johns Hopkins University estudiando estados intersexuales. Lo que les interesó a las académicas que venían haciendo estudios en distintas disciplinas influidas por las teorías feministas  fue el carácter constructivista del concepto del Género. Nos permitió ver que la subjetividad masculina o femenina que cada sujeto construye, no dependía de factores biológicos sino de lo que él llamó “la asignación de género”. O sea la creencia del semejante acerca de ese cuerpo que acababa de advenir al mundo. La subjetividad sexuada se constituye en función de los proyectos identificatorios que los cuidadores primarios elaboran sobre el sujeto. Lo que interesó a los Estudios sobre la Mujer es entender que, esto que parecía tan abrochado a lo biológico, que parecía tan intrínseco, estructural y constitutivo de la subjetividad, era en realidad una adquisición contingente que podía ser variable. De hecho los casos de transexualismo nos muestran que algunos machos y hembras “normales” de la especie, para llamarlos de alguna manera, pueden construir su subjetividad cruzando géneros, donde no haya concordancia entre su subjetividad y su cuerpo- Por supuesto, como psicoanalistas, consideramos que hay un género asignado extraoficialmente. Cuando se construye una subjetividad transexual, es porque ha habido de algún modo, por parte de los padres,  una asignación de género inconsciente que cruza géneros. Estas personas que biológicamente son absolutamente promedio como cualquier otro individuo de la especie, sin embargo pueden construir una subjetividad diferente. Esto nos muestra el carácter construido del género y el carácter contingente, no estructural, no necesario. Bueno, el psicoanálisis lacaniano en este sentido coincide con esta perspectiva. Lacan plantea que es posible para un sujeto ubicarse de uno de los dos lados de la diferencia simbólica, es decir, que no tiene que haber una correspondencia forzosa entre el psiquismo y el cuerpo. Todo este concepto que fue tomado por los estudios de género, que inicialmente en América, se denominaron como estudios de mujeres, y que en Europa se prefiere denominarlos como estudios feministas, porque no les gusta la denominación americana de género considerando que es anglófona y no se adapta a los países cuyas  lenguas son latinas. Asimismo, dentro de este campo han surgido alrededor de los ’80 los estudios sobre la masculinidad, que han tenido un desarrollo muy importante en Australia. Un sociólogo que se llama Robert Connell, que es transexual en este momento, ha hecho un aporte relevante con una producción académica de mucha calidad, seriedad, y rigurosidad. Connell propone que la unidad de análisis de los estudios de género son las relaciones de género. Es decir las relaciones sociales e intersubjetivas entre los géneros, y que pueden ser analizadas en diversos niveles: en un nivel cultural, en un nivel social,  un nivel institucional y un nivel subjetivo.

También en Inglaterra existen aportes importantes, y por supuesto en Estados Unidos. Entre nosotros, yo misma escribí con Mariel Burin un libro que se llama Varones. Género y Subjetividad masculina, donde aplicamos esta perspectiva a los estudios sobre las masculinidades.

Entonces el campo de estudios de género abarca estudios sobre mujeres  y sobre varones.

 

Clepios: ¿Cómo pensar el entrecruzamiento entre los estudios de género, con sus vertientes, con el campo de la Salud Mental? Vemos en los manuales las Disforias de género, Trastornos de género…

 

I.M: Claro, no se acota a eso. Eso es como la referencia obligada y estereotipada cuando uno habla de Estudios de Género y Salud Mental. Pero en realidad no es así. Yo tengo un artículo en el que hago una revisión de la psicopatología psicoanalítica desde esta perspectiva. Emilce Dio Bleichmar escribió un libro que se llama “El feminismo espontaneo de la histeria”, donde realiza una revisión muy sistemática de todas las sub especies de histeria desde una perspectiva de género. Mabel Burin investiga los estados depresivos en las pacientes mujeres, en un libro que se llama “El malestar de las mujeres”. De modo que hay revisiones desde la psicopatología psicoanalítica desde esta perspectiva para la mayor parte de los cuadros neuróticos. Existen estudios sobre lo que se ha llamado “las perversiones femeninas”, e indagaciones incipientes respecto de los trastornos alimentarios, que son trastornos de género femenino, ya que en las anorexias y bulimias existe un notorio predominio de pacientes mujeres. También empiezan  a aparecer estudios sobre adicciones en mujeres, porque es el flagelo de la época, buscando la especificidad de los trastornos adictivos en mujeres.

Lo que es importante aclarar es que los Estudios de Género se articulan con otros desarrollos teóricos de distintas disciplinas, entonces así como por ejemplo las economistas feministas deconstruyen y reformulan los desarrollos económicos marxistas o la perspectiva de la teoría económica liberal, en el campo de la salud mental existen articulaciones con los desarrollos psicoanalíticos, mientras que otros aportes se sustentan en desarrollos de la teoría sistémica. Es decir que existen extraños maridajes entre distintos desarrollos teóricos. Los desarrollos de Género no surgen de la nada, sino que se nutren y se apoyan en desarrollos existentes a los que les realizan una lectura crítica, una deconstrucción, porque suelen estar en muchos casos atravesados por sesgos androcéntricos y sexistas. Sobre este trabajo deconstructivo, generan aportes alternativos que refinan o modifican los conocimientos existentes

 

Clepios: Respecto del autor que mencionaba antes, que toma como unidad las relaciones de género, ¿este análisis de las relaciones de género superaría o trascendería el binarismo sexual?

 

I.M: Si, teóricamente debiera ser así porque en este momento, además de que la teoría esta desimplicándose de las representaciones oficiales de género; vamos entendiendo que cada uno de nosotros está constituido por diversas corrientes psíquicas, donde puede haber una organización preconsciente hegemónica a predominio femenino o masculino, pero la personalidad de todos los sujetos a nivel del inconsciente no está organizada sobre la base de un binarismo genérico. Además, el mismo binarismo genérico cultural está siendo deconstruido en este momento. Se produce un proceso que se ha llamado “desgenerizacion” que tiene que ver con la similitud de circunstancias existenciales que tenemos mujeres y varones, por lo menos en los sectores urbanos desarrollados., Al tener vidas cada vez más semejantes, en cuanto a que ambos compartimos espacios en la familia y en el trabajo, los rasgos de carácter de mujeres y varones ya no están tan polarizados como se observaba en otra época. Compartimos rasgos de carácter que no se distribuyen prolijamente según el género, porque las vidas se asemejan, los ámbitos sociales por los que circulamos son semejantes. En consecuencia, se produce un cambio en los modelos teóricos, y también en el modo en que las subjetividades contemporáneas se constituyen.

 

Clepios: Entonces, ¿podríamos decir que el transexualismo podría quedar por fuera de la psicopatologizacion? ¿Cómo entender esto que usted mencionaba como la “asignación de género extraoficial”, a nivel inconsciente?

 

I.M: Es una manera no muy rigurosa aunque gráfica de expresarme. Yo creo que el término psicopatologizacion lleva implícita alguna connotación de transgresión moral y de sanción, como si alguien que hace algo loco o tiene aspecto loco, también debe ser malvado. En ese sentido es que no se acepta la psicopatologizacion. Al mismo tiempo, esta postura  busca  evitar que la perspectiva de un sector social, por ejemplo la perspectiva normalizada de los sectores medios urbanos, estigmatice las subjetividades que son diferentes. Sin embargo, el respeto por la diversidad  no debe obturar la posibilidad de análisis de las formas subjetivas que observamos. Esta es mi postura. No quisiera que la corrección política obturara la indagación psicológica. Creo que ese sentido todos somos psicopatológicos, no es que nadie lo sea, simplemente tenemos distintos formas de trastornos o de locuras, y en cada caso corresponde preguntarse cómo y por qué. No hay solamente Estudios de Género sobre masculinidad y femeneidad, sino que existe un campo muy amplio de Estudios Queer, que están desarrollados por los “raros”, o sea los gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales, etc. Tienen aportes muy interesantes, y podríamos decir que son estudios emparentados con los estudios de género; si bien no se superponen, existe un parentesco. Algunas reflexiones desafiantes buscan un efecto cuestionador de lo establecido, tales como plantear “¿por qué se preguntan por qué nosotros somos homosexuales?, pregúntense ¿por qué ustedes son heterosexuales?”. A mí me parece muy bien, hay que preguntar todo. Por lo tanto, si todos somos psicopatológicos, la investigación sobre el tema ya pierde el aspecto de sanción a la desviación, y en cambio produce  una apertura a la pregunta.

Clepios: Y específicamente desde el Psicoanálisis, ¿se podría pensar el transexualismo por fuera de la Psicosis?

 

I.M: Absolutamente. Si ustedes leen la obra de Raewyn Connell, que es el nombre que ahora ha adoptado, van a observar que es una persona que no es psicótica en absoluto. Nosotros tenemos poca experiencia como analistas con pacientes transexuales porque en general no nos consultan, buscan terapeutas que sean también del área Queer, si es que buscan terapia. Pero yo he tenido una consulta, que me motivó a escribir un artículo sobre transexualismo, de un transexual de mujer a varón en Costa Rica, una persona que de psicótica no tenía nada. En este caso existía una constelación familiar muy especial, era una niña nacida en una familia campesina, de una madre adolescente soltera, que fue inscripta como hija de la abuela, como solía hacerse en muchos casos para ocultar el “deshonor” del nacimiento ilegitimo. Pero ocurrió que la abuela, embarazó dos meses después que su hija adolescente, dando a luz entonces, dos meses después que esta niña, a un varón que murió en el parto. Esta abuela en duelo por su hijo varón -único hijo varón que había logrado tener-  crió a esta niña ya que la madre iba a trabajar para aportar dinero a la casa, y la transexualizó, la empezó a travestir. Ella no tenía registro de eso… en realidad corresponde decir él, porque la identidad era masculina. Él contaba que a eso de los dos años empezó a vestirse de varón. ¿Y donde vieron un niño o una niña de 2 años que decida vestirse de varón? Claramente era travestida por la abuela.

Entonces acá, si podemos hablar de alguna locura, es la de la abuela que no toleró esta realidad. Digamos que, para ella, en sus términos, la deshonra de la hija y la muerte de su bebé se resolvieron a través de transexualizar a esta criatura transformándola en lo que según sus criterios hubiera debido ser – el bebé que hubiera debido vivir, el hijo legítimo varón-. Por lo tanto, yo no estaba ante una persona psicótica en lo más mínimo, era una persona razonable, sensata, que además se analizaba y venía a consultarme para ver si yo podía aportar algo que ayudara a dinamizar su análisis. ¿A ustedes les parece que ésta es una pregunta de un psicótico? Alguien que indaga acerca de “¿Por qué soy como soy? Y a ver si vos me podes ayudar aportándome algo que después yo pueda trabajar en mi análisis”. A mí me parece que ésta es una pregunta de una persona razonable que desea entender su existencia, y de ningún modo la pregunta de una persona que está psicótica. De modo que desde ya que el transexualismo queda desimplicado de la psicosis, lo cual no quiere decir que no pueda haber transexuales psicóticos, así como hay personas heterosexuales psicóticas. A lo que voy es que la orientación del deseo erótico y la constitución de la identidad no se correlacionan estructuralmente con cuadros psicopatológicos, por lo menos a esta conclusión he podido llegar.

Clepios: Bueno, ahora lo tenemos en el  texto escrito de la Ley de Salud Mental, también en la Ley de Género. Hoy la palabra “género” está muy mediatizada.

 

I.M: Sí, banalizada también.

 

Clepios: ¿Cómo lee los últimos sucesos mediáticos? Porque desde hace mucho tiempo uno escucha acerca de violencias hacia la mujer. Sin embargo, ahora se ha convertido homogeneizándolo  como “violencia de género” y también la masiva marcha de “Ni una menos” que también a muchos sorprendió, como una convocatoria muy importante. Sobre esto, ¿cuál es la lectura que tiene de la actualidad del tema?

 

I.M: Bueno, me parece que es el correlato de la tendencia cultural hacia la paridad. En el mundo islámico creo que todavía está naturalizado el castigo físico del marido a la mujer, no tengo la referencia exacta pero tengo entendido que hay indicaciones por ejemplo sobre la varilla con que un marido puede pegarle a la mujer, no sea que la mate. Con lo cual hay sociedades autoritarias, fuertemente estratificadas, donde en la cultura está normalizado el dominio masculino, y en ese contexto está normalizada la violencia contra las mujeres como una forma de control y establecimiento de la autoridad. Lo que ha sucedido en Occidente fue que a medida que las mujeres fuimos ganando los derechos civiles y políticos, se fue percibiendo como más inaceptable el recurso a la violencia como modo de establecer jerarquías en el interior de la familia y en la cultura. Ustedes piensen, por ejemplo, que cuando yo nací, era una persona sin derecho a votar y por supuesto fui castigada físicamente, durante mi infancia. Eran prácticas pedagógicas relativamente normalizadas, de modo que ha habido una transformación cultural en unas cuantas décadas. Lo que ocurre es que, lo que antes era cotidiano y naturalizado ahora es insoportable, simplemente porque ha cambiado la percepción del contexto. La pregunta acerca de si existen más casos de violencia contra las mujeres, o no, es imposible de responder porque no hay estudios sistemáticos, porque el objeto de estudio ha sido creado hace unas décadas. Entonces no existen estudios anteriores como para poder contestar esta pregunta. Por lo que la pregunta acerca de si es que ahora se hace visible e inadmisible o si ahora se hizo más frecuente y más importante, es imposible de contestar. Creo que puede haber, tal vez, una reacción ante la drástica transformación cultural que se ha producido en las relaciones de género  y que ésto genere un tipo de violencia reactiva; si es o menor, no lo sé. La masculinidad tradicional era violenta por un exceso de poder, y la masculinidad contemporánea es  violenta porque está perdiendo ese poder. Esto me parece verosímil. En términos cuantitativos no se puede contestar, pero lo notable es que hay una movilización popular contra el monstruo que hemos creado, que se llama “Masculinidad Cultural”. Porque ¿qué es la masculinidad cultural? Consiste en la transformación de niños temerosos y apegados a sus mamás, en guerreros crueles y feroces, y ha sido una obra colectiva de muchos grupos humanos, que continúa    de algún modo -de una forma atenuada  por supuesto- , la cultura urbana vigente en Occidente. De hecho el servicio militar, durante una época, fue una escuela de guerreros y torturadores, donde se aprendía a matar sobre la base de ser torturado. La formación militar en la marina norteamericana por ejemplo, es una formación súper atormentadora para lograr sobrevivir a condiciones bélicas extremas Hemos transformado a nuestros varones en máquinas de guerra, ya sean guerreros militarizados o ejecutivos de empresas multinacionales. El imperativo de hacer la guerra  con las armas y con el cuerpo, o con las finanzas y las decisiones económicas, se vuelve   a veces en contra de sus creadores. Al estilo de un sistema inmunitario desorientado,  atacan a los propios, esos varones educados para confrontar,  atacan a sus propias mujeres o atacan a sus niños. En términos generales, estamos en un período de deslegitimación de la violencia, porque también las mujeres podemos ser las violentas, de hecho lo somos muchas veces con los niños y con los ancianos. Se observa un proceso cultural de deslegitimación de la violencia que ojalá produzca un cambio cultural que la haga cada vez más inaceptable. Se verá con el tiempo.

 

Clepios: Y quizás un poco más lejos de la violencia… ¿Qué lectura tiene respecto de las familias homoparentales o nuevas configuraciones familiares que pueden incluir quizás los mismos géneros?

 

I.M: Creo que en alguna forma minoritaria ha existido siempre, lo que ocurre es que ahora reclaman una validación legal. Y me parece que es razonable, en el sentido de que reclaman dignidad e incorporación a las instituciones que rigen la sociedad, tales como las instituciones de salud. Poder tener una cobertura de salud, o instituciones tales como el derecho a la herencia, el beneficio de una pensión. En ese sentido me parece un derecho legítimo y en realidad, sólo cuando se lo logra, uno entiende los años de inequidad que han soportado del mismo sexo y el peso enorme de la marginalización que soportaron y aún soportan.

Clepios: ¿Se necesitaría quizás una reformulación del corpus psicoanalítico para pensar esto?

 

I.M: Por supuesto, es decir, es muy importante revisar los conceptos de función materna y función paterna. Por  ejemplo, no abrocharlos a los géneros, sino hablar de funciones ligadas a la contención, la narcisización, el espejamiento del infante, y otras  funciones más ligadas a la implantación de un sentido de realidad y la limitación de la impulsividad, que tienen que ser ejercidas por ambos padres. Y de hecho lo son, a veces de formas no convencionales porque hay madres que tienen más vocación para  establecer límites y padres que son más concesivos, aunque la tendencia hegemónica todavía consiste en que las mujeres seamos más concesivas, y los varones más limitantes y hostiles. Pero no es universal eso, hay familias que funcionan muy bien con madres más severas y padres más concesivos; entonces creo que el asunto no pasa por la homoparentalidad, y creo que efectivamente el corpus teórico tiene que ser reformulado y venimos haciendo un trabajo continuo para ello.

 

Clepios: Hace unos minutos charlamos sobre cómo van cambiando las concepciones y las políticas que se van generando en la sociedad; reflejo de esto pueden ser la Ley de Identidad de Género y la Ley del Matrimonio Igualitario. Queríamos saber qué opinión tenés de los procesos que se van dando en la Argentina con estas políticas.

 

I.M: Considero que los cambios institucionales, además de ser cambios socialmente positivos, construyen subjetividad y salud mental. En la medida en que la forma particular de ser de determinados sujetos -ya sea en cuanto a su identidad, o en cuanto a su deseo erótico- no sea sancionada ni discriminada, nos liberamos de algunos factores patógenos excedentes. Patologías habrá siempre, supongo, pero por lo menos no serán patologías socialmente inducidas por la discriminación. De modo que para los que somos operadores en el campo de la Salud Mental, son buenas noticias. Por supuesto que puede haber personas homosexuales, bisexuales, transexuales que tengan trastornos psicopatológicos, pero no serán generados por la discriminación y el repudio del entorno. Esto ya constituye una ganancia, además de que implica una ganancia en cuanto a Derechos Ciudadanos y Derechos Humanos.

 

Clepios: Muchas gracias.

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