Editorial

foto tapa clepios 74 (Catalina Boccardo Passalacqua)

La oportunidad de pensar un nuevo número de Clepios requiere el encuentro entre quienes formamos parte de la revista, tanto desde el Comité de Redacción, como de aquellos que aportan desde distintos lugares con sus ideas, sus escritos, sus voces y sus interrogantes. Si pensamos un requisito para este encuentro podríamos elegir como fundamental la posibilidad de sostener un diálogo. La posibilidad de abrir diálogos es una de las principales motivaciones que propone el armado de Clepios. Sin embargo, como sabemos, generar las posibilidades para un verdadero diálogo con los otros no es una tarea sencilla.

Tal vez por ello, para este nuevo número, nos encontramos discutiendo las encrucijadas que surgen en y entre los diálogos cotidianos de nuestra labor. En un intento de esquematizar y acotar el tema, se nos ocurrió pensar al diálogo (que puede o no existir) entre tres grandes actores: los usuarios de los servicios de salud mental, los profesionales que allí asisten, y las instituciones que los alojan a todos. ¡Y el vínculo, nada sencillo, entre estos actores! ¿Qué los aloja? ¿Qué los acoge? ¿Se acogen los unos a los otros?…

Para Derrida la hospitalidad pura consiste en “acoger al arribante antes de ponerle condiciones, antes de saber y de pedirle o preguntarle lo que sea, ya sea un nombre o ya sean unos «papeles» de identidad”. Pero implica también que nos dirijamos a él, es decir, que lo llamemos y le reconozcamos un nombre propio: «¿Cómo te llamas?». Para el autor, la hospitalidad consiste en “hacer todo lo posible para dirigirse al otro, para otorgarle, incluso preguntarle su nombre, evitando que esta pregunta se convierta en una «condición», una inquisición policial, un fichaje o un simple control de fronteras”. ¡Qué tarea! Esta cuestión se plantea en el umbral entre dos inflexiones. Para Derrida un arte, una poética, pero toda una política depende de ello, toda una ética se decide ahí. (Derrida, 1997)

La idea que vamos construyendo de esa hospitalidad, está atravesada y mediatizada por los lugares en los que nos formamos. Así, nuestra práctica nos enfrenta con una visión particular de la hospitalidad. La hospitalidad en los hospitales no es cualquier hospitalidad, podríamos decir.

¿Qué estrategias se encuentran previstas en las instituciones para acoger a sus trabajadores? Específicamente, ¿cómo se insertan los nuevos trabajadores – esos recién llegados – a estas instancias? (no podemos ignorar que como individuos formamos parte de la colectividad “institución”) ¿Qué problemas y soluciones encuentran los profesionales al momento de alojar a quien se presenta como sujeto de estudio y de cuidado? ¿Son las instituciones destinadas al cuidado de la salud mental lugares hospitalarios? ¿Qué lugar le damos a lo extranjero, a lo otro, a lo extraño?

Claro que el acto de acoger al otro se da también en las interacciones individuales. ¿Qué pasa con la hospitalidad entre discursos, entre teorías? ¿Hay un dueño del hogar que acoge a un discurso “extraño”? ¿Se puede agrandar la casa y dejar que los discursos aporten al crecimiento mutuo? Elegimos estas preguntas, ya que nos enfrentamos cotidianamente con obstáculos al diálogo entre estos diferentes saberes y en algunos casos a la confrontación entre los mismos. Vemos que estos enfrentamientos suelen darse con mayor intensidad en el comienzo de la práctica, tal vez porque la identidad y la búsqueda de un lugar se ven más afectados. Sin embargo, en ese punto nos preguntamos ¿Qué ocurre después? ¿Hay una aceptación mayor de las diferencias, o se omiten las mismas en una cierta negación de los otros? Podríamos decir que nos asusta, tanto o más que la falta de diálogo, su contracara: la creencia de que “estamos todos de acuerdo” como indica una publicidad de la actualidad.

Sin intención de asignar un rol pasivo al huésped, nos interesó también pensar las dinámicas de inclusión y exclusión en uno de los actores más olvidados del sistema de salud: los usuarios, quienes paradójicamente son su fin último (¿o primero?). Nos preguntamos así, si puede que los mismos no quieran ser acogidos por una institución/profesional/discurso. ¿Y entonces qué? ¿La hospitalidad incluye flexibilidad para recibir a quien golpea a sus puertas, o es solo para aquel que se acomode a la letra de un contrato preestablecido?

Finalmente, hospitalidad pareciera incluir implícitamente una eventual despedida ¿Y si el huésped no desea finalizar la estadía? En este contexto, en el que todos podemos alojar- ser alojados, este número busca compartir experiencias, investigaciones, y creaciones en el afán de construir lugares más acogedores, más diversos, menos expulsivos con los otros.

Es por eso que en este número intentaremos dar lugar a voces que buscan dar cuenta de las distintas y complejas aristas que esta temática puede tener en nuestra práctica cotidiana. Los TRABAJOS DE ADELANTE aportarán recortes que esperamos puedan abrir a futuras reflexiones respecto de la “hospitalidad”, que se refleja en todos los dispositivos en los cuales podemos insertarnos.

CLEPIOS INVESTIGA, nos sumerge en un recorrido acerca de conceptos centrales en nuestra tarea como ser transferencia y contratransferencia… desde la perspectiva cognitivo conductual. Si lo que sabemos es que nos pasan cosas, nos veremos invitados a preguntarnos qué lectura hacemos sobre aquello que nos pasa, y qué hacemos a partir de allí.

Vuelve, todo vuelve. Esta vez, el RELATO CLÍNICO nos conectará con la temática de nuestro último número; la interconsulta. Tema que continúa teniendo resonancias en nuestras conversaciones, debates y trabajos recepcionados. Sin lugar a dudas, un campo de intervención de constante tensión entre los múltiples discursos que lo habitan y un sinfín de diálogos a ser propiciados para diseñar y llevar a cabo una posible intervención. ¿Con quienes dialogamos?¿Quiénes son los que nos dirigen un pedido y a quienes dirigimos entonces nuestras intervenciones?

Pensar en la hospitalidad nos lleva de un modo u otro, a considerar cuán humanizada puede o no estar nuestra práctica. Los conceptos se vuelven vivos al ser hablados por distintos profesionales que aportan respecto a esta temática, sus “distintas voces”. Los CADÁVERES EXQUISITOS de Tomasa San Miguel, Claudia López Mosteiro y Hugo Spinelli dialogan en esta sección, casi sin saberlo.

Hospitalariamente, Eduardo Smalinsky nos recibe para el REPORTAJE. Comparte el relato de un recorrido personal, que no es sin estar en diálogo con otros. El malestar percibido, como brújula para pensar en eso que no anda. Ser hospitalario entonces, abrirá la posibilidad de pensar que uno puede transformar al otro siempre y cuando permita ser uno también transformado ¿Qué condiciones hacen posible el ser hospitalario? ¿Qué lo dificulta? ¿Cuán hospitalarios somos y son con nosotros y con los propios usuarios nuestros sistemas de atención?

Y si de malestar se trata, SALA DE ENSAYOS advertirá que se puede no ser feliz, pero sí ser residente. Como parte de ese colectivo “institución” nos invitarán a interrogarnos ¿La residencia es acaso un dispositivo que forma alguna subjetividad?

A modo de COMENTARIO DE EVENTOS, nos preguntamos si las casualidades existen. A la par de pensar este nuevo número acudimos a un encuentro realizado en la Facultad de Psicología en el cual se abrió el debate entre representantes de distintas corrientes teóricas que ya cuentan con una propia identidad instituida (Psicoanálisis Lacaniano, Terapias Psicodinámicas y Terapias Cognitivo Conductuales), en torno a dos ejes principales: la concepción psicopatológica en un primer término y luego, métodos y finalidad del tratamiento. Las resonancias fueron inmediatas, esperamos poder acercarles un recorte que resulte representativo del intercambio surgido de este rico diálogo.

En LO HUBIERA SABIDO ANTES, Alan Robinson nos acerca la voz de uno de los actores que suelen representar lo extranjero en las instituciones, sus usuarios. A partir de la experiencia del GAM (Grupo de Apoyo Mutuo) nos propiciará una mirada nueva sobre el trabajo en salud mental a partir de una práctica subjetivadora.

Finalmente, si la hospitalidad implica que preguntarán por nuestro nombre propio y que nos acogerán como recién arribados que somos, esto toma todo su sentido en la experiencia de irnos lejos de casa con la idea de vivir algo nuevo y ser por esta nueva vivencia, transformados. YO ESTUVE EN nos transporta al País Vasco. La experiencia de rotar por un Hospital de día parece concluir, a modo de apertura, que prestarse como instrumento puede ser pensado en sí mismo como un rol que sostenga nuestras intervenciones.

El número dejará entrever que ser hospitalario implica acoger algo ajeno. Humanizarnos. Incluso cuando aquello a recepcionar pueda implicar un inmenso dolor difícil de ser subjetivado. Es por ello que en este contexto, desde Clepios nos seguimos preguntando por Santiago Maldonado, acompañando el reclamo por verdad y justicia.

Bienvenidos, entonces, a este nuevo número. Esperamos que se sientan como en casa.

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