La Ética de la Hospitalidad

Malena Kiss Rouan, Licenciada en Psicología, Ex­ Residente del Hospital Nacional en Red Lic. Laura Bonaparte periodo 2014-2017.  malena.kissrouan@gmail.com

Foto Joaquín Neira 2

Resumen

La palabra “hospital” deviene etimológicamente tanto de la palabra “huésped” como de la palabra “hostil”. Vale la pena preguntarse entonces ¿Cómo alojamos a los sujetos que acuden a nuestros hospitales? Será verdad que: ¿Los pronósticos dependen de las apuestas? Este trabajo intentará articular el concepto de la Hospitalidad acuñado por el filósofo francés Jacques Derrida con lo que acontece dentro de una experiencia psicoanalítica dentro de un Hospital Público.
Se intenta interrogar el concepto de la hospitalidad como manera de posicionarse en el encuentro con un otro, como posible manera de evitar prejuicios de lectura de los pacientes y potenciando el devenir singular del sujeto que consulta. Pero también en relación a la otredad dentro del mismo sujeto, con su parte más hetero. Es decir, en el encuentro con su inconsciente. Pensando lo hospitalario de un análisis, dentro de la transferencia, a la hora de pensar un diagnóstico y la salud mental.

Hospitalidad; pensando un buen encuentro con el otro

La palabra “Hospital” está relacionada etimológicamente tanto con la palabra “Huésped” como con la palabra “Hostil”. Cuando me anoticié de este origen ambivalente, no pude evitar preguntarme: ¿Cómo alojamos entonces a los sujetos que acuden a nuestros hospitales? Ya que ambas implican lógicas muy diferentes.

Interpeló mi posición como “Residente”, palabra que viene del que reside en un lugar, del que está allí. La figura del residente está nombrada por la permanecía espacio-temporal en el dispositivo hospital. De este modo, el hospital se instala como una especie de hogar para devenir los profesionales que anhelamos ser. Entonces vuelvo a preguntarme ¿De qué modo les hacemos un lugar los residentes a los visitantes-pacientes que se acercan a nuestro Hospital-Hogar?

Una de las primeras frases que me recibió, casi en la puerta de entrada del recorrido hospitalario fue: “El camino que transitan lo pacientes depende de los profesionales que los acompañan”. Me la deslizó un referente psiquiatra al paso, sin calcular el peso que tendrían en mí. Sus palabras resonaron en mi cuerpo, lo afectaron; en un tiempo uno para tensionar el llamado “furor curandis” freudiano, con el peleaba en la intimidad. Y en un tiempo  dos,  preguntándome  cómo  ubicarme  analíticamente  en  el  encuentro  con  el otro dentro de la clínica. Tiempo después la escuche verbalizada de otro modo “Los pronósticos dependen de las apuestas” (San Miguel, 2015) y algo de esto comenzó a hacerse carne en mi práctica incipiente.

Creo que las teorías, las ideas, los conceptos nos ayudan a entender o por lo menos pensar(nos) y preguntar(nos) por la realidad. Y en lo particular de nuestra realidad como trabajadores de la salud mental delimitada desde el sufrimiento psíquico, desde lo doliente, desde el malestar. Tomando el término foucaultiano: Caja de Herramientas, sumé el concepto de la Hospitalidad, acuñado por el filósofo francés Jacques Derrida para cuestionar estas frases que insistían en la clínica.

 

Derrida y  la pregunta por la Hospitalidad.

Derrida (2006) en el libro “La hospitalidad” insiste sobre la pregunta por cómo acogemos o no al otro, al diferente, al extranjero, al extraño. Para ir un poco a los orígenes de este dilema, deberíamos preguntarnos en primer lugar: ¿qué es el otro? Poder definirlo se plantea como una tarea problemática, ya que se lo delimita desde el yo, desde todo lo que excede al yo. En este sentido, en la relación singularidad-otredad algo se vuelve complicado, como si no hubiera barreras tajantes. Maritza Montero (….) explica esta compleja relación yo-otro diciendo: “Reconocer no solamente el carácter humano y digno del otro, sino también que la otredad no es una brecha, una diferencia, algo que distingue, que separa, sino que es parte del yo. Que cada uno es otro, y que cada otro es un yo”. (p.82)

Freud lo ubica tempranamente en su teoría, sin otro primordial caemos en el desamparo. Y Lacan al hablar sobre la constitución subjetiva en el estadio del espejo, lo dice de forma clara y directa tomando prestada la poesía de Rimbaud “yo es otro”. Para constituirnos como sujetos, necesitamos tanto de la imagen del otro semejante como de la función simbólica de Otro primordial. Creo que allí radica la riqueza del concepto de la hospitalidad, ya que es un principio con efectos tanto en el otro como en el yo. No puedo ignorar al otro porque yo soy el otro.

Derrida dice que existen de este modo dos maneras de posicionarse frente al otro extraño y ajeno: la tolerancia y la hospitalidad. La tolerancia proviene del latín “soportar”, aparece del lado de la tradición cristiana. Postula un lógica donde aunque el otro sea diferente a mí, debo “tolerarlo”, ya que el otro es un prójimo. Al volverlo un prójimo lo vuelvo próximo, y de este modo alguien de los propios, es así que el otro termina por  perder su otredad.

La tolerancia hace que el “otro” encaje en los parámetros de donde el “yo” previamente partió, que se amolde a ellos. “Si yo creo ser hospitalario porque soy  tolerante, es que deseo limitar mi acogida, mantener el poder y controlar los límites de mi casa, de mi soberanía, de mi lengua, de mi cultura, de mi religión” (Derrida, 2004, p.3). La tolerancia da cuenta de un ejercicio de poder que uno ejerce sobre otro. Se subordina lo diferente, se proyecta en el otro lo que creemos que va a ser mejor para él.

En cambio, el concepto de la Hospitalidad; implica un recibimiento al extranjero pero no condicionado, supone la existencia de una diferencia radical. Derrida muestra una paradoja dentro de la hospitalidad, ya que por un lado existen las leyes condicionales de la hospitalidad y por otro la ley incondicional. Derrida, (1997) postula:

“parece dictar que la hospitalidad absoluta rompe con la ley de la hospitalidad como derecho o deber, con el pacto de la hospitalidad. Para decirlo en otros términos, la hospitalidad absoluta exige que yo abra mi casa y que dé no sólo al extranjero sino al otro absoluto, desconocido, anónimo, y que le dé lugar, lo deje venir, lo deje llegar, y tener lugar en el lugar que le ofrezco, sin pedirle ni reciprocidad ni siquiera su nombre” (p.31).

La hospitalidad condicionada depende del derecho, normas, reglas impuestas al huésped-extranjero. En cambio, la hospitalidad absoluta, es ofrecida sin condiciones y sin deber, implica: “ofrecer al recién llegado una acogida sin condición” (Derrida, 1997, p.81). En este sentido, la ley de la hospitalidad incondicional implica transgredir las leyes de la hospitalidad condicionada.

Ahora bien, al postular que la hospitalidad es algo que se ofrece o no se ofrece al otro, al extranjero, Derrida se pregunta si es necesario interrogar al que llega. Y en este punto ¿qué lugar juega la lengua en la acogida hospitalaria? Dialoga en este punto con Levinas (1997) quien plantea: “el lenguaje es hospitalidad”. Se cuestiona si la hospitalidad absoluta consiste en: suspender al lenguaje, al lenguaje determinado, al mensaje del otro. Derrida (1997) se pregunta:

“¿no hay que someterse además a una especie de reserva la tentación de preguntar al otro quién es, cuál es su nombre, de dónde viene? ¿no hay que abstenerse de plantearle estas preguntas que anuncian otras tantas condiciones requeridas, límites por lo tanto a una hospitalidad así constreñida y confiada en un derecho y en un deber?” (p.133)

Esta abstención genera que la hospitalidad absoluta ofrezca un don sin reserva, y ubica allí cierta posibilidad de lenguaje. La hospitalidad absoluta implica ser hospitalario con lo hostil, con quien amenaza mi propio lugar. Abrir las puertas no al que va a responder como espero; sino al que en su radicalidad me permite transformarme a mí mismo, ya que es un encuentro inesperado, sin cálculo.

 

Pensar la Hospitalidad en la clínica: preguntas que posibilitan contactos

 

“y el otro, en la medida misma que es lo otro, nos cuestiona,

nos pregunta. Nos cuestiona en nuestros supuestos saberes, en nuestras certezas, en nuestras legalidades, nos pregunta por ellas y así introduce la posibilidad de cierta separación dentro de nosotros mismos, de nosotros con nosotros”

Mirta Segoviano

¿Toleramos u hospedamos la locura?

La locura nos confronta con lo más extraño dentro de lo humano, pero qué hacemos con eso. “En nombre de la tolerancia se han generado los peores dispositivos de exclusión” Sztajnszrajber (2015). Creo que esto se puede articular con el tratamiento que tuvo la “locura” dentro de la historia de la humanidad. Castel en el libro “El orden psiquiátrico” explica cómo, con el nacimiento de la medicina mental,  la “locura” adquiere otro  estatuto.  El  “loco”  deviene  el  “alienado”  alguien  que  ha  perdido  el  atributo más preciado del hombre: la razón. Es así que la creación del dispositivo “asilo” cobra valor, con su doble función de neutralizar y reeducar. El loco como diferente que debe ser “rehabilitado”, ejerciendo un acto de “normalización” sobre él; como si la “normalidad” existiera. Me pregunto hasta qué punto algo de esta lógica continúa actuando implícitamente.

¿Pero cómo sería ser más hospitalario con la locura o el sufrimiento psíquico? He ahí  el  dilema,  ensayo  algunas  respuestas.  La  interdisciplina  se  me  abre  como  primer acercamiento a la cuestión. Ubico que la interlocución de saberes puede acercarnos a una mirada más hospitalaria, ya que implica una manera de abordar al otro en su complejidad. Múltiples hilos para mirar y pensar el enmarañado ovillo de las subjetividades actuales.

Otra respuesta es preguntarnos ¿Que sujetos se acercan a nuestros hospitales? ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad de producción de subjetividad que despliega la sociedad actual? No naturalizarlo, ubicar coyunturas políticas, económicas y sociales. Abrir puertas a innumerables singularidades que se nos acercan.

Derrida (1997) postula que la hospitalidad incondicional es “una hospitalidad inventada para la singularidad del recién llegado, del visitante inesperado”(p.87). Me parece que esto lo debemos mantener en tensión para  recibir a los pacientes como huéspedes, evitando que devengan hostiles. Como explica Carballeda (2012) “Así el sujeto que se presenta en los servicios asistenciales de salud, se constituye como un inesperado. Un sujeto que las instituciones, a veces no pueden comprender a partir de su constitución desde complejas circunstancias y climas de época. La respuesta institucional en muchos casos pasa del azoramiento, al rechazo, producto posiblemente de la extrañeza y el temor que causa lo diferente”( p.60).

El paciente inesperado debe interpelarnos en nuestras prácticas, a pensar nuevas estrategias y dispositivos, evitando hacerlo encajar a tal o cual categoría. Apelan a nuestra parte más arte-sana, a la inventiva para otro acercamiento.

Tratando de evitar los “no lugares” de los que habla Marc Auge (1996) como paradigma  del lugar de anonimato. El desafío es que el hospital pueda devenir un Otro lugar, con algo de tintes hogareños para los sujetos errantes, los marginales, lo “anormales”, los locos, los drogones y los pobres. Empiezo a esbozar que por ahí se trata de ofertar un lugar donde cada sujeto pueda construir un relato singular y de esta forma hacerse un nombre propio que ancle algo de su deseo.

 

¿Para quién: Salud Mental?

Me pregunto hasta qué punto nos posicionamos desde un lógica tolerante al hablar de “salud”, cuando decimos saber sobre qué es lo saludable o no. El término Salud Mental es una noción errática, que cambia de acuerdo a estándares sociales y épocales (Vaschetto, 2010, p.94). Criterios de normalidad que van armando en molde de lo que será sano y de lo que será patológico en cada capítulo de la historia de la humanidad.

El Psicoanálisis hace diluir la tensión entre “normal” y patológico. Aporta otra mirada al asunto, ya que quita el peso del bienestar, de la salud o de la cura del sujeto; para otorgársela al deseo. Apunta a que cada sujeto pueda encontrarse con su deseo singular. Eric Laurent (2000) lo explica bellamente en “Psicoanálisis y Salud Mental”; “el psicoanálisis está incluido en el mapa de la salud mental…vemos que el psicoanálisis tiene lugar siempre que hay algún imposible a tratar. En la salud mental hay un imposible: Freud decía que educar y gobernar son tareas imposibles, y el gobierno de la curación lo es aún más.” (Pag.39) El Psicoanálisis viene a alertar de lo más singular de un sujeto, ya que entiende el síntoma desde la singularidad del que lo padece. Es un dispositivo que ubica el detalle, piensa en el caso por caso rompiendo con la lógica del “para todos”. Y aporta de esta manera una visión más hospitalaria de la salud.

Podríamos pensar a la Ley de Salud Mental, en relación a la hospitalidad condicionada, ya que marca las normas y reglas para recibir a los pacientes, al huésped- extranjero. Esta ley marcó un antes y un después ya que busca quebrar ciertos discursos de poder disciplinares instituidos y dar potencia  a los derechos humanos del sujeto. Pero  tanto la ley 26.657 como la ley 26.529 (ley de derechos del paciente) dan cuenta de la hospitalidad condicionada, leyes que marcan y ordenan las condiciones, derechos que se imponen a los huéspedes y anfitriones, a los pacientes y los profesionales. En relación a los consumos problemáticos, me pregunto si es posible ubicar también al paradigma de reducción de riesgo y daños y a los dispositivos clínicos de umbral mínimo de exigencia dentro de una lógica más hospitalaria: en contraposición al paradigma abstencionista que pareciera responder a un lógica más tolerante.

 

Diagnósticos, ¿Desde dónde nombrar esa es la cuestión?

Derrida se pregunta si es necesario hablar la misma lengua para acoger al  extranjero. En este punto me pregunto ¿Cómo es posible sostener prácticas que no busquen capturar, delimitar, nombrar al otro? ¿Cómo intervenir sin jerarquizar las multiplicidades? ¿Cómo alojar a aquel que habla una lengua extraña; la de un cuerpo con excitación psicomotriz, la del delirio, la de un acting, la de un sujeto en urgencia? ¿Que de esto se juega en la función diagnóstica?

Como característica de la época, encontramos a muchos sujetos que consultan sabiendo o demandando saber: ¿que soy? soy adicto, soy bipolar, soy depresivo… Como explica Vaschetto (2010): “es una pregunta que no tiene en su horizonte la falta en ser del que soy ahí en cuanto estupor de existir o al enigma del sexo, que son las preguntas fundamentales del sujeto al Otro. Más bien es un quién soy a partir del trastorno (disorder)… quien soy en el desorden de significantes amos que se imponen desde la cultura” (p.102). De esta manera los sujetos evitarían poner en palabras propias lo más singular de su padecer, y dar cuenta de su posición subjetiva. Se ubican en un lugar de fetiche, porque se tiene más valor por lo que representa que por lo que son o podría ser.

Entonces ¿Que de tolerantes o de hospitalarios tienen los diagnósticos? No sólo por el hecho de hacer entrar a un sujeto en determinados parámetros, sino como acto violento de nominar, clasificar, encasillar al otro. Se nos presenta como profesionales el desafío de no posicionarnos en el lugar de nombrar y ubicar a los sujetos desde un saber exterior preestablecido que acalla la lengua propia.

El Psicoanálisis postula que el diagnóstico se hace en transferencia, me parece que implica una lógica hospitalaria, ya que se juega algo de un encuentro. Un buen encuentro con el otro, entre un sujeto y determinado analista. Derrida (1997) postula:

“La hospitalidad pura consiste en acoger al arribante antes de ponerle condiciones, antes de saber y de pedirle o preguntarle lo que sea, ya sea un nombre o ya sean unos «papeles» de identidad. Pero también supone que nos dirijamos a él, singularmente, que lo llamemos, pues, y le reconozcamos un nombre propio: « ¿Cómo te llamas?». La hospitalidad consiste en hacer todo lo posible para dirigirse al otro, para otorgarle, incluso preguntarle su nombre, evitando que esta pregunta se convierta en una «condición», una inquisición policial, un fichaje o un simple control de fronteras.” (p.3).

 Es decir, que la hospitalidad pura implica reconocer al otro en su singularidad. Para el Psicoanálisis reconocer la singularidad del sujeto también es fundamental para comenzar a armar una escena transferencial. El diagnóstico se despliega dentro de la transferencia, a partir de la emergencia de un sujeto capaz de ubicar la responsabilidad en su padecer. El analista, para dilucidar la estructura en juego, debe tomar su lugar en ella, y sostener la transferencia a partir del amor y apostando al deseo.

Eduardo Albornoz (2014) dice que la hospitalidad que podría llegar a tener una análisis, es la de recibir al sujeto como un “amigo”. Es decir sin etiquetas, sin catalogarlo, sino por lo que se produce en el encuentro. Explica también que no existen los “psicoanalistas”, las “histéricas”, los “alcohólicos”, que son simplemente categorías para pensar. Tomasa San Miguel (2015) plantea que lo más relevante se ubica en la singularidad del encuentro más allá de la singularidad del sujeto. En ese sentido no es el paciente, es en el entre; donde el analista juega su parte, transferencialmente, en el encuentro. Ella manifiesta que el diagnóstico en psicoanálisis no debe estar formulado desde “es un X” sino desde “yo lo pienso como un X” para orientar la cura.

 

Lo hospitalario de una experiencia analítica.

“El psicoanálisis es un dispositivo que potencia la singularidad para enlazarse mejor con el otro”

Tomasa San Miguel.

 

Derrida (2006) enuncia que la ley incondicional de la hospitalidad ilimitada es: “dar al que llega todo el propio-lugar y su sí mismo, darle su propio, nuestro propio lugar, sin pedirle su nombre, ni contrapartida, ni cumplir con al menos condición” (p.81). Esta concepción se relaciona íntimamente con lo que sucede en una experiencia analítica. El analista cede lo que  Derrida llamaría el “propio lugar”. El analista no trabaja con su ser, sino desde un deseo del analista o “estar analista” como decía Ulloa. Podemos pensar que hay algo del don de la hospitalidad, que requiere un proceso des-subjetivación creciente, se juega también en la posición del analista, ya que está ubicado como objeto. Como explica Miller (1999) “es un objeto asombrosamente versátil… no quiere nada a priori por el bien del otro… ha cultivado su docilidad hasta saber tomar para cualquier sujeto el lugar desde el cual poder actuar…¡¿y de qué modo?! Se ofrece como lugar vacío, un lugar de puro semblante.” (p.7)

La hospitalidad enseña a desapegarnos de nuestro yo, al igual que la posición analítica que implica abstenerse del propio narcisismo, de los propios ideales y del uso de poder. Pero esto no deja por fuera la presencia del analista y su lugar de lector. Lacan en la última parte de su enseñanza habla del analista en términos de “encuerpo”. Tomasa San Miguel (2015) lo explica del siguiente modo: “La función del analista -“encuerpo”- supone el cuerpo como aquello donde el decir hace eco, contingencia mediante, ligada al concepto  de encuentro y la afectación del cuerpo que de allí se desprende.”(p.23)

La hospitalidad asume algo de imposible en nuestro vínculo con el otro pero resignifica esa imposibilidad en la posibilidad de transformación del encuentro. El deseo del analista implica una posición decidida respecto de lo imposible, el amor, la castración, pero también la posibilidad de algo novedoso, de una nueva escritura.

La lógica hospitalaria implica dar lugar al otro, como analista ese lugar se da ahuecándose; en la transferencia, dando cuerpo, por medio de las palabras. La transformación, lo novedoso, se da en el buen encuentro, en el entre. Esta nueva lectura da lugar  a una nueva escritura que deja marcas en el cuerpo, genera una nueva relación del sujeto con su goce y con su deseo. Es decir, el devenir de una nueva subjetividad. El dispositivo analítico posibilita el amor de transferencia  donde los cuerpos se afectan. El amor como potencia de ser que permite un encuentro o desencuentro con el otro.

La hospitalidad se inventa para la singularidad del recién llegado, igual que en la transferencia, en la confrontación cuerpo a cuerpo de la experiencia psicoanalítica. No hay tratamientos estándares, hay encuentros donde se juega una oferta de poner a decir al sufrimiento singular de cada quien.

 

La otredad del Inconsciente.

“Empiezo a conocerme.

No existo.

Soy el intervalo entre lo que deseo ser y los demás me hicieron,

 o la mitad de ese intervalo,

porque además hay vida…

Soy esto, en fin…”

Fernando Pessoa

 

Si algo vino a instalar Freud (1925) con el Psicoanálisis, es la tercera herida narcisista del hombre; que habita dentro de él una parte desconocida. No sólo habita sino que nos gobierna, como explica Freud: “He de experimentar entonces que esto negado por mí no solo está en mí sino que también actúa ocasionalmente desde mi interior.” (p.2) El Psicoanálisis devela que lo más extranjero es uno mismo.

El inconsciente da cuenta de una otredad dentro del mismo sujeto, su parte más hetero, más desconocida. Produce efectos ajenos en el sujeto, a modo de un: ¿Quién dijo esto? Lacan inventa el término “éxtimo”, que implica una conjunción de externo e íntimo. Lo usa principalmente para hablar del objeto a, pero también podría pensarse en relación al efecto del inconsciente, ya que nos aparece exterior pero a la vez constituye lo más propio de nosotros mismos.

Hay cierto sentimiento de extrañeza con el inconsciente, cierta experiencia de lo siniestro, ya que implica un enigma que interroga. Algo familiar y oculto al mismo tiempo. Las formaciones del inconsciente (actos fallidos, lapsus, sueños, chistes, síntomas) dan cuenta de esto. Cuando Lacan define al síntoma dice que es algo que señala al sujeto, que no sabe qué es pero sabe que le concierne. No puedo evitar preguntarme si ¿Ser más hospitalarios con nuestro propio inconsciente nos permitirá estar más advertidos o por lo menos, más implicados con nuestra posición subjetiva?

El sujeto al estar afectado por el lenguaje se encuentra dividido, está en falta. El lenguaje es la estructura por la cual el sujeto adviene a su existencia, pero a su vez lo constituye como ser en falta. Hay en el ser humano una errancia fundante, ya que no hay significante que lo nombre, el sujeto es producto de la hiancia significante.

Gustavo Dessal (2010) lo dice de una forma muy bella: “la persona que creemos ser esconde necesariamente un ser arrojado fuera de toda identidad y fundamento, expulsado  a un territorio que le es ajeno, el de la lengua materna, así llamada para disimular la inquietante extrañeza que subyace a nuestra relación con la propia lengua, y que tanto la poesía como la locura pueden traer a la luz.” (p.127). Derrida (1997) se cuestiona sobre el lugar de la lengua, postula: “la lengua es una experiencia de expropiación… la lengua llamada materna ya es la lengua del otro” (p.91). Se pregunta ¿qué es lo que nombra la lengua? y sino representa el propio-lugar que nunca nos abandonará. Podríamos pensar que entre el ser viviente y el sujeto aparece el lenguaje como un hábitat inexorable.

Lacan postula “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”. Al decir “como un” está marcando una diferencia, no dice “el” lenguaje. Sino que intenta dar cuenta del lenguaje en cada sujeto, del ordenamiento del sistema significante que marca en la singularidad a un sujeto. Llamará “lalengua” a este lenguaje particular y singular de cada sujeto. Creo que en este punto la hospitalidad absoluta resulta útil, no exigir al otro que hable nuestra lengua, posibilita al analista ofertar un lugar para que se despliegue lo singular de la lengua de un sujeto, su lalengua. Esta lengua propia que golpea el cuerpo dejando marcas de goce singulares. Porque la relación con el goce también es de otredad, hay un punto de ajenidad con el goce que es propio.

Se puede pensar la posibilidad de nueva escritura que ofrece un análisis en relación a una acogida hospitalidad y la posibilidad de lenguaje que explicaba Derrida. El análisis puede propiciar una nueva lectura y escritura, que modifica la economía de goce. Ya que, en tanto el cuerpo hable, la lengua se la puede afectar y esta lengua nueva afectar de otra forma al cuerpo, dando lugar a significantes nuevos.

 

Algunas palabras finales.

“Calcular los riesgos, sí, pero no cerrar la puerta a lo incalculable, es decir, al porvenir y al extranjero, he aquí la doble ley de la hospitalidad.”

Jacques Derrida.

 

Hablo de ética de la hospitalidad y no de moral, ya que estamos ubicando la singularidad de un encuentro, eso que no se puede estandarizar o protocolarizar en comportamiento o normas. La ética implica dar cuenta del otro, del otro radical sin el que no soy aunque me lo niegue. Como dice Carpinteros (2014): “la ética es social, es frente a los otros y en los otros” (p.16Y ubica que la reflexión ética responde a la pregunta por el sentido humano. Ética spinoziana si se quiere que aumente la potencia. En este caso ética de la hospitalidad que aumenta la potencia del buen encuentro con el otro. Porque como postula Lacan en “Variantes de una cura tipo” para que el psicoanálisis  no sea cualquier otra terapéutica, debe orientarse por una ética. La ética del inconsciente.

El concepto de la Hospitalidad permite interrogar la forma de posicionarse en el encuentro con un otro, en el encuentro con el paciente. Habilita desarmar posibles prejuicios de lectura del otro y potenciar un escenario para el devenir singular de quien consulta. Pero también abre la reflexión sobre la relación a la otredad dentro del mismo sujeto, con su parte más hetero, en el encuentro con su inconsciente. Pensando qué de hospitalario tiene una análisis, dentro de la transferencia, a la hora de pensar un diagnóstico y en articulación con el deseo del analista.

Un hospital abre sus puertas al sufrimiento, en nuestro caso al sufrimiento psíquico. Debe ser un lugar que aloje lo inesperado que cada sujeto pueda traer consigo, que pueda tomarlo como huésped y no como hostil.

No hay receta para ser hospitalario, se da en cada encuentro, cuerpo a cuerpo, en la contingencia. Tiene que ver con la posición que tomamos, con la lectura que hacemos. Creo que puede ser pensada como una ética que oriente nuestra práctica, que delimite la clínica, que marque el rumbo de nuestras intervenciones. La ética hospitalaria podrá ofrecer un hospedaje más saludable o menos sufriente, más en contacto con el deseo singular de cada sujeto que toque nuestras puertas.

 

Bibliografía:

  • Carpintero, Enrique “El erotismo y su sombra, el amor como potencia de ser”. Topia. Buenos 2014.
  • Carballeda, Alfredo, “La intervención del trabajo social en el campo de la salud mental. Algunos interrogantes y perspectivas” revista Margen n° 65, Julio 2012
  • Derrida, J. (1997b), “El principio de hospitalidad” entrevista realizada por Dominique Dhombres, Le Monde, 2 de diciembre de 1997, http://www.jacquesderrida.com.ar.
  • Derrida, Jacques; Dufourmantelle, Anne: “La hospitalidad”, Ediciones de la Flor, Bs As, 2006.
  • Foucault, Michel. “Poderes y Estrategias”. En: Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones. Alianza Ed., Madrid, 1985.
  • Freud, S: “La responsabilidad moral por el contenido de los sueños”, Obras Completas, Tomo IX, Amorrortu, Bs As, 1976
  • Guille, Gustavo, “Las aporías de la hospitalidad en el pensamiento de Jacques Derrida” Eikasia, revista de filosofía.
  • Laurent, Eric: “Psicoanálisis y Salud mental”, Tres haches editorial,
  • Miller, J.A: Las contraindicaciones al análisis. En el caldero de la escuela- junio 1999
  • Tomasa, San Miguel; Comentario del relato clínico “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (o cómo formamos nuestros cuerpos es la guardia)” Clepios, marzo/junio 2015
  • Vaschetto, Emilio: “Los descarriados, clínica del extravío mental: entre la errancia y el yerro”, Grama ed,Bs As, 2010.
  • XXI Jornadas de residentes de salud mental del área metropolitana, “Controversias del diagnóstico en salud mental: categoría, dimensión, estructura y padecimiento subjetivo”, Bs As, noviembre 2014
  • XXX Apsa Congreso argentino de psiquiatría, El psiquiatra, el equipo de salud y la comunidad;¿Porque importan las neurosis (aun)? Mar del plata, abril 2015
  • IX Congreso Argentino de Salud Mental, mesa “Recordar, leer, escribir””, Bs.As, Agosto, 2015.

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