SALUD SEXUAL Y POLÍTICA

Licenciada en Psicología. Residente psicóloga de
tercer año en Salud Mental. Hospital Bernardino Rivadavia. Período 2016-2020.
Email: paularamognigno@gmail.com

Resumen

Este trabajo es el resultado de mi pasaje por la Consultoría Integral de
la Mujer del CeSAC n°33, dependiente del Htal. E. Tornú, en el marco de mi
rotación de Atención Primaria de la Salud. Dos de los ejes centrales de este nivel
de atención suponen: la accesibilidad al sistema de salud en términos equitativos y
el empoderamiento del paciente mediante prácticas de prevención y promoción de
la salud, que lo vuelvan usuario y partícipe en la construcción de las mismas. En
éste sentido, el derecho a la interrupción legal de un embarazo es un tema
privilegiado para pensar su abordaje comunitario, analizar su incidencia socio-
histórico-política y considerar su estatuto de problema de salud pública.
Finalmente, comparto algunas conceptualizaciones que, desde el psicoanálisis,
puedan ayudarnos a pensar sus alcances subjetivos.

Historia del aborto / Aspectos legales

A pesar de que gran parte del imaginario social sostiene lo contrario, el
aborto en la Argentina no está prohibido, sino que existen determinadas causales
por las cuales se determina que el aborto es legal. Desde hace casi 100 años el
Código Penal establece que el aborto es legal cuando es practicado con el
consentimiento de la mujer embarazada:

1) A fin de evitar un peligro para la vida
o la salud de la madre y si este peligro no puede ser evitado por otros medios.

2) Si el embarazo proviene de una violación o de un atentado al pudor cometido
sobre una mujer idiota o demente.

 
No es casualidad que en muchos de nosotros aún siga vigente la idea de que el aborto es ilegal, o al menos dudemos seriamente de las condiciones en que
no lo es. Históricamente las causales de no punibilidad en muchos casos no han sido respetadas, siquiera en sus formas más alevosas. El inciso 2° de este artículo fue interpretado mayormente de forma restrictiva, en tanto sólo se consideraba
como no punible el aborto en casos de violación a mujeres con discapacidad mental. El mismo fue finalmente clarificado gracias al Fallo F.A.L. que establece que el aborto es legal para todas las mujeres cuando el embarazo proviene de una
relación sexual no consentida. Asimismo, exhorta a las autoridades públicas a implementar y hacer operativos protocolos hospitalarios para la atención de los abortos no punibles. Como respuesta, el Ministerio de Salud de la Nación elabora
en 2015 el “Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo”. Este documento viene a clarificar el concepto de salud que es invocado en el inciso 1° del artículo 86 ampliándolo: suscribe a una
concepción integral de salud. Aclara que es suficiente la potencial afectación de la salud de la mujer para determinar la causal de no punibilidad y que es ella quien decidirá qué tipo de riesgo está dispuesta a correr. Frente a esto, desde 2014 el
Programa de Salud Sexual y Reproductiva comienza a proveer de medicación abortiva al primer nivel de atención para intervenciones en hasta el primer trimestre de embarazo.
Así planteadas las cosas, la pregunta es por qué el aborto continúa siendo un tema tabú y una gran problemática en salud. El aborto dispara en los profesionales de la salud reacciones emocionales e ideológicas enmascaradas en argumentos científicos y/o de sujeción al juramento hipocrático. Estos argumentos son, sin embargo, portadores de significaciones acerca de la maternidad, la
subjetividad femenina, la sexualidad, las relaciones de poder entre los géneros y las relaciones de poder que configuran el sistema sanitario. Estas significaciones inciden sobre sus prácticas, que luego recursivamente van produciendo
subjetividad en los usuarios.
A tal punto las representaciones sobre el aborto se inmiscuyen en las prácticas en salud que en los últimos tiempos, con la creciente “apertura” a la consideración del mismo, gran parte de la comunidad de profesionales lo considera una práctica necesaria que debe ser “tolerada”, aunque en ciertas circunstancias. Se buscan justificaciones “objetivas” para su aceptación como la pobreza, multiparidad, riesgo de vida de la mujer, violación; a la vez que en otros casos se enjuicia moralmente no aceptable, por asociarse a actos de descuido e irresponsabilidad.

¿Por qué considerar al aborto como un problema de Salud Pública?
Para figurarnos el alcance de la problemática me parece importante
compartir algunos números. El vertiginoso aumento de la tasa de atención en los CeSAC es un indicador más del reconocimiento de una demanda en salud: las situaciones asistidas pasaron de 10 a 386 por año (Mazur, Pistani & Portnoy, 2016). Además del subregistro propio de la poco rigurosa elaboración de nuestras
estadísticas, así como del número de prácticas clandestinas, no podemos olvidarnos que en CABA contamos con recursos excepcionales que no existen en el resto del país, en donde los obstáculos son enormes. Tomando en cuenta esto,
en la Argentina se considera que se realizan entre 370 y 522 mil interrupciones por año (Mario & Pantelides, 2009).
Alejándonos de los números, la inequidad es un factor fundamental para considerar al aborto problemática de Salud Pública. Es de amplio conocimiento que mujeres con los medios económicos suficientes pueden acceder sin dificultades a realizarse la práctica en el ámbito privado, en donde la misma se nomencla como cualquier otra intervención menor.
Eva, 43 años. Tiene dos hijos, de 20 y 18 años. Hace algunos años quedó embarazada de gemelos que “se ahogaron” por una dificultad durante la gestación. Se la nota muy angustiada, explica que vive en condiciones precarias y está sin trabajo. Comenta que su médica le dijo que sería muy riesgoso llevar adelante un embarazo en su condición; sin embargo, no le ofreció ninguna alternativa a hacerlo. Eva compró pastillas clandestinamente y las usó, sin resultados aparentes. Fue su psicóloga la que la referenció con la Consultoría.
Repite que “esto no estaba en sus planes”, teme que “le pueda pasar algo y dejar solos a sus hijos”, “no quiere atravesar el parto”. Explica que “está sola”, el embarazo es producto de una relación sexual no consentida con su ex pareja. Sin embargo, siente remordimiento “por tratarse de una criatura inocente”, “sé que se supone que un hijo es un milagro”.

A partir de la investigación de dos psicólogas uruguayas (Carril & Lopez, 2010) entendí que la inequidad no sólo determina el acceso o no al aborto, sino que afecta a las mujeres en un aspecto aún más radical e invisibilizado: en los sentidos asociados a la maternidad. Mientras que las mujeres con mayor grado de
autonomía (emocional y económica) y por ende con mayores posibilidades de desarrollo personal no suelen vivir la maternidad como la única fuente de realización y en muchos casos dudan si quieren ser madres, aquellas de niveles socioeconómicos bajos son más permeables a los estereotipos de género y tienden a vivir la maternidad como destino, acto natural insoslayable. En estos
casos, es esperable que un embarazo no planificado que no se desea continuar genere niveles de angustia y de contradicción aún más importantes y la decisión de abortar conlleve una presión extra. Los sentimientos de culpa o alivio luego de realizar la interrupción de un embarazo dependerán en parte de éstas representaciones.
Macarena de 28 años llega a la Consultoría muy decidida, manifestando su deseo de abortar. Explica que junto a su actual pareja tienen una hija de 8 años, “a quien aman”, pero su crianza supuso que tenga que posponer sus estudios universitarios. Es psicóloga y actualmente trabaja como residente en un Hospital
de CABA; quiere terminar su residencia y poder instalarse profesionalmente para pensar en tener otro hijo. En 8 años nunca le había sucedido algo así, siempre se cuidaron con preservativo. Su pareja está dubitativa pero “sabe que la decisión es suya, porque es su cuerpo y es ella quien atravesará el embarazo”. Agrega que
por su experiencia, sabe que “para criar bien a un hijo tiene que parar por lo menos dos años” y repite que “éste no es su proyecto ahora”. Una vez atravesado el procedimiento agradece el espacio, aclarando que si bien ella contaba con recursos e información sobre el tema, el hecho de que exista un espacio en donde otros la acompañen y legitimen la práctica supuso para ella un alivio.

 
En qué medida el aborto nos compete como comunidad y, además, como
profesionales de la Salud

 
Si bien desde la CIM se ofrece a las mujeres un tipo de atención integral, desde un inicio el grueso de las demandas se enfocaron en consultas por derechos relativos a Salud Sexual y Reproductiva. Como objetivo primordial, se trabaja en pos de resguardar la salud y la vida de las mujeres, más allá de que para éste equipo el aborto forma parte de los derechos sexuales y reproductivos que cada mujer debería poder ejercer de manera libre y autónoma, sin necesidad de enmarcar su decisión en ninguna causal. Desde la posición ética y política de la Consultoría comparto que el modelo causal per se genera sufrimiento. El hecho mismo de justificar “por qué querés abortar” o “por qué no querés ser madre” para que la práctica sea enmarcada en alguna de las causales remite al imperativo de serlo, a la homologación del género y la función mujer-madre. Supone además la fragmentación del ser humano que consulta; sea el embarazo producto de una violación, incompatible con la vida o afecte su salud, si se desea no continuar con el mismo esto es parte de la experiencia de salud de esa persona entendida en
términos integrales, por lo que debería ser acompañado sin la  necesidad de una justificación.
Desde una objeción reiterada por parte de sectores que se oponen a la práctica por reparos morales, se sostiene que facilitar el acceso al aborto supondría un aumento del mismo. Contrario a esto, investigaciones de la OMS (2007) dicen que las tasas de aborto son similares en países donde es legal e ilegal, lo que sugiere que penalizar el procedimiento influye poco en la decisión de la mujer; aunque tal vez mucho en la vivencia y las consecuencias de su acto.
Evidentemente, el hecho de no desear un embarazo y el cambio de vida que supone un hijo puede ser tan fuerte como el de desearlo, y como demanda social, en tanto el Estado no provea respuestas será la misma comunidad la que las invente. El ejemplo de la medicación abortiva resulta paradigmático: el Misoprostol comenzó a comercializarse en los años ’80 para el tratamiento de enfermedades
gastrointestinales. El conocimiento de su efectividad para inducir abortos fue advertido por la comunidad y se difundió rápidamente en la población, fundamentalmente en países en donde la intervención era penada (Costa & Vessey, 1993). Pasaron más de veinte años hasta que la OMS lo agregó a su Lista de Medicamentos Esenciales. El uso abortivo del Misoprostol me parece un claro ejemplo de las prácticas de autocuidado descriptas por Menéndez (2008), entendido este como modo de tratar con las distintas formas de padecimiento que tienen los grupos sociales, en respuesta a la biomedicina como modelo tradicional y mayormente difundido como único paradigma en salud.

 
Qué puede aportar el psicoanálisis – reflexiones sobre un embarazo y sus
efectos subjetivos

 
Pese a que la mayoría de las mujeres llegan a la Consultoría con una
decisión ya tomada, el dispositivo funciona como un facilitador en donde una mujer puede por un lado, encontrarse con sus propias emociones, deseos, temores, así como también desentrañar los supuestos y prejuicios existentes en relación a la temática, ubicar de quiénes son y de qué modo le influyen. Gran parte de la tarea
radica en deconstruir junto a las mujeres el imaginario (social e individual) en relación al aborto, teñido por concepciones culturales, religiosas, etc. que abonan al imperativo de la maternidad y sancionan ésta práctica. Así, el contexto se
vuelve menos amenazante y contribuye a que una mujer se habilite a actuar conforme a su deseo en relación a un embarazo, ya sea para interrumpirlo o continuarlo. No siempre sus otros significativos funcionan como sostén; muy por el contrario, muchas veces son ellos quienes ejercen la mayor presión para que la mujer tome una decisión impropia. El espacio apunta justamente a tamizar el
cúmulo de sentimientos encontrados con el que puede llegar una mujer a consulta para analizar qué quiere hacer, de qué modo y junto a quiénes.
Vanina, 32 años. Se la nota angustiada y nerviosa, con cierta urgencia.
Comenta que lleva 8 semanas de embarazo y que “ya pasó una situación similar en la que tuvo que explicar, pedir perdón”, refiriéndose al momento en el que
quedó embarazada de su hija, de 12 años. Explica que entonces su mamá la echó de la casa, “ahora me siento como si tuviese 19 años de nuevo”. Compungida, cuenta que está en pareja con el padre de su hija y que siempre se cuidaron con preservativo, concluye que evidentemente “se pinchó y no se dieron cuenta”; no están en una situación laboral como para pensar en un nuevo hijo. Él está dubitativo acerca de la decisión de continuar con el embarazo, al igual que ella, si bien ella “ya tomó una decisión”, quiere abortar. Se le propone tener una serie de entrevistas más, en las que se apunta a diferenciar éste embarazo del anterior, a poner en consideración las condiciones actuales de ella y de su familia para alojarlo o no. A los diez días, Vanina nos cuenta agradecida que decidió continuar con su embarazo. Por su aptitud biológica para la procreación nuestra cultura ha soldado en el imaginario social el ser mujer a la maternidad, y aún más, a sentimientos de alegría y plenitud. Este enunciado ha operado en la subjetividad femenina con la fuerza de una “ley natural”, con un gran poder reduccionista y  homogeneizante que presiona a las mujeres que no lo vivencian así. En cuanto a lo que el psicoanálisis podría decir de esto, tomo uno de sus principios fundantes que sostiene que no hay instinto, que éste es independiente de su objeto. Eso es a lo que llamamos pulsión; podemos tener “hambre de nada” o tener “sexo en nuestras fantasías”. El psicoanálisis entiende a la sexualidad como intrínsecamente conflictiva, por su carácter contingente e histórico. La sexualidad es la piedra en la que se sostiene la imposibilidad lógica fundante de lo subjetivo, aquello que diferencia al ser hablante de los animales; sujeto y objeto no son complementarios. En tanto una de las operaciones fundamentales del psicoanálisis es abrir una pregunta sobre aquello que se presenta desde el sentido común como conclusión evidente, creo que nos compte aportar a la crítica de una reproducción entendida en términos biologicistas. Muy por el contrario a una experiencia natural y adaptativa, cada mujer se encuentra con sentimientos y representaciones singulares frente a un embarazo: este puede significarse como “hijo” producto del deseo, a incluirse en el linaje de esa mujer, ubicándola en una nueva posición en tanto hija-madre; puede significar “repetir” la función materna que se ha vivenciado como hija, así como también “restaurarla”. En fin, es evidente lo complejo del asunto.

Laura, 16 años, llega a la CIM acompañada por la operadora de la
institución de menores en la que vive, embarazada de 6 semanas. Comenta que estaba de novia y solían cuidarse con pastillas, pero se olvidó de tomarlas. Se muestra ambivalente y da cuenta del modo en que se encuentra condicionada por el afuera: si lo continúa pierde su cama en el Hogar debiendo pasar a una nueva institución. Se la cita a nuevas entrevistas en las que explica que “su pasado habla mucho”: su mamá la dio en adopción cuando era un bebé porque no tenía para darle de comer, “pero no la abortó”. Entiende a éste embarazo como una “reparación”, “todo pasa por algo”, “además siendo católica nunca abortaría, es fuerte”. Más adelante dice haberse sentido “aliviada”, pudo hablar con la operadora sobre cómo funciona el Hogar de Madres al que se trasladaría. Habló también con su ex pareja quien le dijo que iba a apoyarla. En un trabajo junto a la operadora del Hogar se articula con profesionales del Hospital quienes van a continuar con los controles del embarazo, así como con el programa de “Alumnas madres” para el acompañamiento en la finalización de sus estudios. ¿Desde cuándo hay vida? ¿Cuándo hay otro, cuándo nace un hijo? Las respuestas a estas preguntas pueden ser contestadas desde diferentes discursos.

Desde el psicoanálisis, el derecho a la vida de los seres humanos requiere previa humanización. En términos de Martha Rosemberg (2010) la vida del ser hablante implica un pasaje de la zoología a la biografía, pasaje que la mujer realiza cuando  acepta el embarazo como hijo, como sujeto de una biografía ajena a la propia, aunque originado en ella, y en otros. A partir de lo que me han transmitido varios profesionales que trabajan en la temática y lo que pude percibir en mi acotadísima experiencia, me parece importante destacar que el aborto no es sin efectos en la subjetividad de las mujeres. Me parece importante porque un gran mito en torno al mismo es que es un evento traumático, y por los desarrollos de las distintas disciplinas de Salud Mental en general y del psicoanálisis en particular, considerar los efectos de un evento como universalmente traumático sería… impericia. Pero sucede que la
significación del embarazo como el momento más pleno en la vida de toda mujer se constituye como un ordenador de alta eficacia simbólica, que al reproducirse trasmite su revés, el daño irreversible que el aborto tendría sobre la subjetividad de las mujeres, siempre y en toda circunstancia. La contracara de esta significación es el simplificar la experiencia, el aborto sería entonces un acto producto de la pura racionalidad, banal e inocuo para quien lo practica. Desde ambas posiciones se borra el sujeto y se juzga a la práctica en sí (Rosemberg, 1997), dejando por fuera la consideración de los efectos de las significaciones sociales sobre el aborto, como de los sentidos que cada sujeto particular le asigna y los modos singulares de elaboración subjetiva. La decisión de realizar la interrupción de un embarazo no es sin efectos, pero de ninguna manera es universalmente traumática. Con respecto al trabajo de un analista en estos casos, considero que nuestra escucha es fundamental para diferenciar de un mismo motivo de consulta: “Quiero interrumpir éste embarazo”, distintas posiciones subjetivas en cuanto a si: “Deseo, y quiero, continuarlo”. Un espacio de escucha que ofrezca además una pausa en la urgencia que suscita la binariedad de las opciones: continúo-no continúo. Esta urgencia subyace a que los cambios en su organismo la enfrentan a la contradicción entre la decisión de no continuar y lo que le ocurre corporalmente; se impone la temporalidad biológica al proceso de decisión subjetivo, lo que obliga a tomar una decisión en un tiempo acotado en el que la primera negociación es consigo misma y a la vez, con sus otros. La apuesta es instalar por fuera del tiempo biológico un tiempo lógico (Lacan, 1945) que apunte a pasar del embarazo en términos impersonales a una asunción yoica de la posición como sujeto frente al mismo.

Fracoise Doltó (1998) considera que lo sepa la mujer o no, lo sepa el
profesional o no, un aborto es siempre un acontecimiento muy importante, que tiene un efecto dinámico inconsciente estructurante o desestructurante de la vida simbólica de los seres responsables en ello, según la manera en que se lo integre.
Entiende que la concepción de un ser vivo es una fuente de potencialidad: desencadena potencias de futuro que, con alivio o con pesar, marcan de un modo u otro su afectividad, su vida consciente e inconsciente. Creo que es precisamente esa potencialidad, independientemente de la decisión que se tome con respecto al embarazo, el puntapié que podría abrir a un posible trabajo analítico. En cuanto a nuestras intervenciones, “se trata de sostener, en todo ser humano que viene a confiarse a nosotros, su fe en sí mismo, cualesquiera sean sus debilidades, sus cobardías, y su fe en los otros (…) sólo habremos hecho nuestro trabajo si hemos dado total dignidad humana al ser que nos habla” (p.219).

 
Consideraciones finales

 
Si bien la cantidad de dispositivos tan importantes como la CIM son bajos respecto del total de efectores y muchas veces el abordaje de estos casos termina dependiendo del profesional de turno, el crecimiento de los casos acompañados es algo a celebrar. Entiendo que el gran salto tuvo que ver con varios determinantes: los avances en materia legislativa (Fallo FAL), en políticas sanitarias (la provisión de medicación abortiva al 1° nivel de atención, la
constitución de equipos de trabajo mediante capacitaciones sobre el tema), la conformación de actores sociales externos al Sistema de Salud (Red de Acceso al Aborto Seguro y Red de Profesionales por el Derecho a Decidir). Pero, personalmente, creo que lo que fundamentalmente posibilitó el cambio en la legitimación y abordaje de la temática fue un contexto social que avanzó en el
debate acerca de los derechos de las mujeres y los equipos profesionales concretos que, desde sus prácticas cotidianas, traccionaron para que se dé respuesta desde el Estado a un problema que es y debe ser considerado como de
salud pública.
También ha habido cambios respecto al disciplinamiento de la sexualidad. Transitamos el pasaje de un “imperativo de celibato” a sanciones por el “mal ejercicio de nuestra autonomía sexual”, lo que podría leerse en clave del concepto foucaultiano de Biopoder (Foucault, 1977). Este supone que en los Estados actuales el poder se basa en la capacidad de gestionar la vida a través de las
disciplinas del cuerpo y los controles poblacionales, pasando de una concepción de las personas como “sujetos de derecho” a una que los concibe como “seres vivos”. Cuando se trata de la condición humana, el diseño de las políticas públicas en salud reproductiva no puede soslayar las dimensiones subjetivas implicadas en
la sexualidad y la reproducción; esas que nos recuerdan que los seres humanos no somos perfectos ni estamos inmunizados contra los olvidos, los descuidos y los errores (Carril & Lopez, 2010). Negar que en el erotismo, en sus fantasías, prácticas y consecuencias puede haber arrepentimiento, es negar la neurosis.

 

Bibliografía
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Carril, E. & Lopez, A. (2010): Aborto voluntario y subjetividad en contextos de
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Costa, S & Vessey, M. (1993): Misoprostol and illegal abortion, Brazil.
Doltó, F. (1998): Lo Femenino, Editorial Paidós, Buenos Aires.
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Lacan, J. (1945): El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo
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Mazur, V., Pistani, L., Portnoy, F. (2016): “Respuesta a ILE en el Sistema de Salud
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Menéndez, E. (2008): Modelos de atención de los padecimientos: de exclusiones
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Rosenberg, M. (2010): Sobre el aborto no punible, Congreso de países del
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